### Sobrepoblación carcelaria en Costa Rica sube a 46%, la más alta en una década - Cantina La Sele de Alajuelita - Lunes, 20 de julio de 2026
En la Cantina La Sele de Alajuelita el televisor estaba en silencio, pero el periódico de Don Pepito no. El Chiquitico lo tenía abierto sobre la barra como si fuera un mapa del tesoro.
—Cuarenta y seis por ciento —dijo, golpeando el papel con el dedo—. La más alta en diez años. Y entre los indiciados casi el doble. Esto ya no es cárcel, esto es condominio.
Don Chalo secaba un vaso con un trapo que había conocido mejores décadas.
—Y yo que pensaba que el único lugar donde cabía más gente de la que entraba era el baño de hombres los domingos de fútbol.
Doña Mary pasó con tres casados en equilibrio y soltó, sin detenerse:
—En mi cocina también hay sobrepoblación. Tres ollas, cinco pedidos y un solo fogón. Y nadie se queja del debido proceso.
Don Roderico levantó la mirada desde su Imperial tibia.
—Lo que pasa es que la gente ya no sabe dónde ir. Antes uno se perdía en la montaña. Ahora se pierde en el sistema. Y el sistema tiene menos camas que la pensión de doña Licha.
Don Filemón, que acababa de aparcar el taxi pirata en doble fila, entró sacudiéndose el polvo de la gorra.
—Yo llevé una vez a un tipo al aeropuerto que después salió en las noticias. Decía que iba a Miami. Al final fue a La Reforma. Dicen que el vuelo salió, pero él no.
Don Pepito no levantó la vista del periódico.
—El informe habla de cambio en el perfil delincuencial. Antes roban gallinas. Ahora roban el futuro de las gallinas. Es un salto evolutivo.
—Y los indiciados son el noventa y seis por ciento de sobrepoblación —añadió Don Chalo—. Eso quiere decir que casi todos están esperando que alguien decida si están o no. Como cuando uno pide la cuenta y Mary tarda media hora.
Doña Mary se detuvo esta vez.
—Si tardo media hora es porque ustedes se comen primero y después discuten si pagan juntos o separado. El sistema judicial tiene el mismo problema: nadie quiere ser el que pone el punto final.
Don Roderico se rascó la barba.
—Yo propongo una solución. Que abran una cárcel dentro de otra cárcel. Así el porcentaje baja porque el espacio se multiplica. Como los espejos del salón de belleza de mi hermana.
—O que pongan literas de cinco pisos —dijo Filemón—. Yo una vez llevé a unos turistas a Manuel Antonio y dormimos cinco en un cuarto de hotel de tres. Nadie se quejó. Solo el que quedó abajo.
Don Pepito cerró el periódico con solemnidad.
—El problema no es el espacio. El problema es que ya nadie cabe en su propia vida y entonces buscan dónde lo metan. La cárcel es el único lugar que todavía acepta gente sin reserva previa.
Doña Mary dejó el último casado frente a Don Chalo.
—Pues aquí también aceptamos sin reserva. Pero al menos servimos arroz.
El silencio que siguió fue corto. Afuera pasó un bus repleto y alguien gritó desde la calle que ya no cabía ni de pie. Dentro de La Sele, nadie se movió. Había sillas de sobra.

