Por Franco Cerutti

### Crónicas del Bar La Sele: Las Exportaciones que Vuelan como Guacamayas en Zonas Francas

Por Don Pepito, “El Chiquitico”, Cronista Oficial del Bar La Sele, Alajuelita – Donde las noticias se sirven con un casado y una birra fría, y si no hay cambio, se anota en la pizarra.

Era una tarde de esas en que el sol de Alajuelita se pone como si tuviera prisa por esconderse de los taxes piratas, y el Bar La Sele bullía como un guiso de Doña Mary. Doña Mary, bendita sea, llevaba cincuenta años sirviendo casados que podrían resucitar a un muerto, o al menos a Don Roderico después de su siesta diaria. «¡Un casado con extra chicharrón, Doña Mary!», gritaba Don Filemón desde su esquina, ajustándose el sombrero como si estuviera a punto de llevar a otra presidenta al aeropuerto. «¡Y no me lo sirva volando, que ya tengo suficiente con mis carreras!»

Don Chalo, el dueño, limpiaba el mostrador con un trapo que había visto más guerras que el Estadio Nacional, mientras mascullaba: «Filemón, si seguís contando esa historia de Laura Chinchilla, un día te voy a exportar a vos mismo a Nicaragua en un contenedor de bananos.» Todos reímos, porque en el Bar La Sele, las risas son como las exportaciones: crecen un 15% cada año, impulsadas por las zonas francas del chisme.

Justo entonces entró Tico el Economista, un tipo flaco con gafas que parecía haber salido de un billete de mil colones arrugado. Venía agitando el periódico como si fuera una bandera en un partido de la Sele. «¡Óiganme bien, compas! ¡Las exportaciones de bienes crecieron un 15% hasta noviembre! ¡Impulsadas por las zonas francas! ¡Somos una potencia, carajo! ¡Pese a los desafíos globales!»

Don Roderico, que estaba sorbiendo su guaro como si fuera el elixir de la juventud eterna (y mira que él ya parece un fósil viviente), levantó la cabeza: «¿Exportaciones? ¿De qué? ¿De chayotes voladores? Porque si no, no entiendo cómo crecen tanto. Yo exporté mi paciencia hace años, y no vi ni un cinco.»

Doña Mary, desde atrás de la barra, soltó una carcajada que hizo tintinear las botellas. «¡Ay, Roderico, vos exportás babosadas nomás! Pero mirá, si las zonas francas están dinamizando todo, pronto vamos a exportar hasta los casados míos. Imaginate: un contenedor lleno de arroz con frijoles llegando a China, y los chinos diciendo ‘¡Qué rico este sushi tico!'»

Don Filemón, siempre listo para meter su taxi en la conversación, intervino: «Yo sé de exportaciones. Una vez llevé a un gringo al aeropuerto con una maleta llena de piñas, y el tipo me dijo que en su país las piñas crecen en pizzas. ¡Ja! Si las zonas francas crecen 15%, yo voy a exportar mi taxi pirata a la Luna. ‘¡Taxi a Marte, señor Armstrong!'»

Don Chalo, sirviendo otra ronda, sacudió la cabeza: «Filemón, vos ni a la esquina exportás sin chocar. Pero hablando en serio –o lo que sea serio en este bar–, este crecimiento es como el de mi panza: constante, impulsado por lo que entra y no sale. Desafíos globales, dicen. ¿Cuáles? ¿La pandemia de los memes? ¿El cambio climático que hace que llueva café en lugar de agua?»

Tico el Economista, ajustándose las gafas, trató de explicar: «No, miren, es el régimen de zona franca. Empresas extranjeras vienen, arman fábricas, exportan chips, medicinas, y ¡bum! 15% arriba. Fortalecimiento económico, pese a todo.»

Don Pepito –o sea, yo, El Chiquitico– anotaba todo en mi libreta manchada de salsa Lizano. «Esto es material para la crónica. Imagínense: las exportaciones como un equipo de fútbol. Las zonas francas son los delanteros, metiendo goles contra los desafíos globales, que son como defensas gordos y lentos. Pero en el Bar La Sele, el verdadero desafío es no exportar la birra antes de tiempo.»

Entró entonces Lola la Vendedora, con su canasta de lotería y un vestido que parecía exportado de un carnaval. «¡Yo exporto suerte! ¿Quién quiere un chance para ganar con este boom económico? Si crecen las exportaciones, pronto todos seremos millonarios, como ese tal Elon Musk, pero con guaro en vez de cohetes.»

Don Roderico, ya en su segunda siesta interrumpida, murmuró: «Yo exportaría a Lola si pudiera, pero con devolución. ¿Y si las zonas francas exportan hasta nuestras almas? Despertamos en un contenedor rumbo a Europa, y Doña Mary sirviendo casados en París.»

Todos estallamos en risas, y Don Chalo gritó: «¡Otra ronda por las exportaciones! ¡Que crezcan otro 15%, pero que no se lleven mi bar!»

Y así, en el Bar La Sele, las noticias no son solo números: son excusas para chistes nonsense, casados eternos y taxis legendarios. Porque en Alajuelita, el verdadero dinamismo está en el chisme, no en las francas. Fin de la crónica, hasta la próxima birra.