Por Franco Cerutti
### Partidos políticos cierran campañas con caravanas y actividades públicas – Cantina La Sele, Alajuelita – Lunes, 26 de enero de 2026
En la Cantina La Sele, el humo del tabaco se mezclaba con el aroma de los casados que Doña Mary servía desde detrás de la barra, como si llevara cincuenta años casada con el fogón. Don Chalo, el dueño, limpiaba un vaso con un trapo que parecía haber visto más elecciones que todos los presentes juntos. La televisión zumbaba con imágenes de caravanas políticas zigzagueando por San José, candidatos agitando banderas como si espantaran mosquitos, y fiestas democráticas que más bien parecían ferias de pueblo con piñatas en forma de promesas.
Don Pepito, “El Chiquitico”, cronista oficial del bar, ajustó sus anteojos empañados y soltó un suspiro que hizo volar un servilleta. “Miren eso, señores, los partidos cerrando campañas con caravanas. En mi época, una caravana era un montón de burros cargando café, no estos payasos en carros blindados tocando bocina como si fueran a una boda.”
Don Roderico, hundido en su silla habitual, levantó su cerveza y eructó una risa. “¿Caravanas? Ja, yo vi una ayer por la calle principal. El candidato del PLN iba en un jeep tan alto que parecía que iba a cazar elefantes en la selva. Y atrás, un montón de gente bailando cumbia con camisetas que decían ‘Voto por el cambio’, pero el cambio que quieren es el que les sobra en el bolsillo.”
Doña Mary dejó un plato humeante frente a Don Filemón, que se rascaba la cabeza bajo su gorra de taxista pirata. “¿Y tú qué sabes de cambios, Roderico? Si llevas la misma camisa desde que Figueres ganó la primera vez.” Ella se rio, sirviendo otro casado a un tipo nuevo en el bar, un electricista llamado Tico que había entrado huyendo de la lluvia.
Don Filemón, masticando un bocado, intervino con la boca llena. “Yo los llevé a todos, ¿saben? Ayer mismo, recogí a Laura Chinchilla en el aeropuerto y me dijo: ‘Filemón, acelera que tengo que cerrar campaña con una caravana en Heredia.’ Claro, le cobré doble porque el tráfico estaba peor que un atasco de tortugas.”
Don Chalo soltó el vaso y se apoyó en la barra, guiñando un ojo. “¿Laura Chinchilla? Si la última vez que la viste fue en un sueño después de tres guaros. Estas caravanas son puro circo, muchachos. Miren la tele: el del PAC va en bicicleta, diciendo que salva el planeta, pero atrás viene un camión con generadores quemando diesel como si no hubiera mañana.”
El electricista Tico, sorbiendo su café, añadió con una sonrisa torcida. “Yo estuve en una de esas fiestas democráticas en Cartago. Había globos, música y hasta un toro mecánico. El candidato subió, duró dos segundos y cayó de culo. ‘Eso es lo que le pasa al país si no me eligen’, gritó. Todos aplaudieron, pero yo pensé: si no aguanta un toro falso, ¿cómo va a manejar el déficit?”
Don Pepito garabateó algo en su libreta raída, como si estuviera escribiendo la historia del siglo. “Y las actividades públicas, ¿eh? En Limón tenían un concierto con marimbas y candidatos bailando punta. Uno se tropezó y casi besa el suelo. Democracia, dicen. Más bien parece un concurso de payasos sin nariz roja.”
Don Roderico levantó su vaso otra vez. “Brindemos por el cierre de campañas. Que terminen pronto, porque si siguen con esas caravanas, van a bloquear la ruta a mi finca y tendré que venir en burro, como en tus tiempos, Pepito.”
Doña Mary, limpiando la barra, soltó la última. “Y si vienen en burro, les sirvo casados gratis. Pero solo si prometen no prometer nada más.” La cantina estalló en risas, mientras la tele seguía con más caravanas, rodando hacia un domingo electoral que nadie sabía si traería cambio o solo más tráfico.

Deja tu comentario