Por Franco Cerutti

### Seguridad y corrupción dominan la agenda electoral – Cantina La Sele de Alajuelita – Sábado, 31 de enero de 2026

En la Cantina La Sele, el humo de los cigarros baila con el vapor de los casados que Doña Mary sirve desde hace medio siglo, mientras el ventilador de techo gira como un político prometiendo cambios. Don Pepito, El Chiquitico, ajusta sus anteojos empañados y lee en voz alta del periódico arrugado sobre el mostrador, como si fuera un decreto papal.

—Miren esto, dice que la inseguridad y la corrupción son las reinas del baile electoral. Laura Fernández quiere mano dura, como ese Bukele que encierra a todo el mundo en jaulas gigantes. Y la economía? Bah, marginada, con el 30% en pobreza viviendo de promesas.

Don Chalo, detrás de la barra limpiando un vaso que nunca queda limpio, suelta una risa que suena a botella rota.

—Ja, mano dura? Si aquí en Alajuelita ya tenemos mano dura con los baches de la calle que te sacuden los dientes. ¿Corrupción? Eso es cuando el vecino te roba el gallo y lo vende como pollo orgánico.

Doña Mary deja un plato humeante frente a Don Roderico, que mira el casado como si fuera un mapa electoral.

—Ay, hombres, siempre hablando de jaulas. Yo sirvo casados desde que el volcán era un cerro pelado, y la única mano dura que conozco es la de Chalo cuando aprieta el corcho del guaro. ¿Pobreza? Si el 30% vive en ella, el otro 70% la visita los fines de semana.

Don Filemón entra pisando fuerte, con su taxi pirata imaginario estacionado en la mente, y se acomoda en la barra reclamando su café negro como el futuro.

—Oigan, yo llevé a Laura Chinchilla al aeropuerto una vez, y me dijo que la corrupción es como un taxímetro trucado: siempre te cobra de más. Ahora esta Fernández con su Bukele, ¿qué? ¿Va a poner rejas en las playas? Inseguridad, dice el periódico. Ja, inseguridad es cuando te subes a mi taxi y no sabes si llegas o terminas en una finca de café.

Un tipo nuevo, Don Lalo el electricista, que acaba de llegar con cables colgando del bolsillo, interviene mientras pide una cerveza fría.

—Corrupción, inseguridad… ¿Y la economía? Marginada como mi factura de luz que nadie paga. Si el 30% está en pobreza, yo estoy en el 31%, viviendo de enchufes prestados. Bukele ese, ¿no es el que encierra a los malos en un estadio? Aquí deberíamos encerrar a los candidatos en el Estadio Nacional y que se peleen con pelotas de fútbol.

Don Pepito anota todo en su libretita, como si fuera el cronista de una epopeya barata.

—Apunto: mano dura contra baches y gallos ladrones. ¿Alguien más? Roderico, vos que sos fijo aquí, ¿qué decís de la agenda electoral?

Don Roderico mastica su casado y escupe palabras entre bocados.

—Agenda? La mía es venir aquí, pedir otro trago y olvidar que mañana votamos. Laura quiere jaulas, pero ¿para los corruptos o para nosotros que no pagamos impuestos? Pobreza al 30%, dice. Yo digo que es al 100% si contás las deudas del alma.

Doña Mary ríe y rellena vasos, mientras Don Chalo asiente como un sabio de cantina.

—Verdad, verdad. Si la corrupción domina, ¿por qué no la ponemos de candidata? Al menos es honesta en su deshonestidad. Y la inseguridad, bah, aquí la única inseguridad es si el casado de Mary lleva suficiente yuca o no.

Don Filemón levanta su taza en brindis imaginario.

—A la salud de Bukele y sus jaulas ticas. Que encierren la pobreza en una urna y la boten al mar. Yo, que llevé a Chinchilla, sé que los aeropuertos son para volar de los problemas, no para aterrizar en ellos.

El grupo estalla en carcajadas, el ventilador gira más rápido, y el periódico queda olvidado bajo un charco de cerveza, mientras la cantina sigue su propia elección: la de no tomarse nada en serio.