Por Franco Cerutti

### Crítica feroz de Laura Chinchilla al gobierno de Chaves por inseguridad y discurso de odio — Cantina La Sele de Alajuelita – Viernes, 2 de enero de 2026

En la Cantina La Sele, el ventilador gira como siempre, pero hoy parece que gira más lento, como si el aire estuviera lleno de noticias pesadas y casados recalentados. Don Pepito, el cronista oficial, llega con el periódico bajo el brazo y lo tira sobre la mesa de fórmica como quien lanza una granada de mano.

—Doña Mary, un guaro doble, que hoy la cosa está fea: la Chinchilla dice que el gobierno no puede con la violencia criminal ni con el odio que sueltan por la boca.

Don Chalo, desde atrás de la barra, limpia un vaso que ya está más limpio que la conciencia de un político en campaña.

—Ay, Pepito, ¿y eso es nuevo? Si aquí en Alajuelita ya mataron a tres la noche de Año Nuevo y el gobierno manda un tuit con emojis de banderitas.

Don Roderico, que lleva tres horas discutiendo con una mosca que le quiere robar el hielo, levanta la cabeza.

—Claro, y la Chinchilla que viene a decirnos que votemos en febrero. Como si uno no supiera ya que votar es como escoger entre dos gallos que se van a picar el ojo igual.

Don Filemón, el taxista pirata, entra haciendo sonar las llaves del carro como si fueran cencerros de vaca sagrada.

—Oigan, yo la llevé a ella al aeropuerto en el 2014 y me dijo: “Filemón, cuide el país que esto se va a poner bravo”. Y miren, tenía razón, pero se le olvidó decirme que iba a volver a criticar desde afuera.

Doña Mary sirve el casado sin mirar, con la precisión de quien ha servido cincuenta años de arroz con frijoles y verdades.

—Ella dice que el gobierno ha sido incapaz, que hay discurso de odio y que la violencia no la controlan ni con rezo. Pero aquí la violencia la controlamos nosotros mismos: con una gallina asada y un Imperial frío.

Don Pepito se acomoda los lentes.

—Según el periódico, la exmandataria dice que urge votar porque esto va de mal en peor. Que la administración actual no ha podido liberar al país de la criminalidad. O sea, que estamos secuestrados por el mismo que prometió soltarnos.

Don Roderico suelta una risa que parece tos de tractor viejo.

—Liberar al país… si ni siquiera pueden liberar el parque de los carros mal parqueados en la Diagonal. Imagínese liberar de sicarios. Eso es como pedirle a un perro que deje de ladrar en plena medianoche.

Don Filemón se acerca a la mesa y se sienta sin pedir permiso.

—Miren, yo digo que la Chinchilla tiene razón en algo: hay que votar. Pero votar como yo manejo: zigzagueando, porque si va derecho se estrella contra el mismo poste de siempre.

Don Chalo, sin dejar de servir, murmura.

—Y el odio… el odio lo vemos aquí todos los días cuando llega el mes y no alcanza para el guaro. Pero el discurso de odio oficial es distinto: ese viene con micrófono y con luz de flash.

Doña Mary cruza los brazos.

—Pues que vengan todos a votar, que se elijan su nuevo problema. Mientras, aquí servimos casados. La inseguridad la combatimos con ajo y cebolla, que eso sí asusta a los malos espíritus.

Don Pepito levanta el vaso.

—Brindemos entonces por el último mes de campaña. Que los indecisos decidan, que los decididos se arrepientan, y que Laura Chinchilla siga hablando desde lejos… porque si viene para acá, no le alcanza la barra para tanta crítica.

Todos chocan vasos, el ventilador sigue girando y la mosca por fin se posa en el hielo de Roderico. La Sele, como siempre, resiste. Pura vida, aunque esté un poquito más oscura hoy.