Por Franco Cerutti

### Tres chispazos encendieron el segundo debate presidencial del TSE – Cantina La Sele, Alajuelita – sábado 11 de enero de 2026

La televisión del fondo, esa que solo sintoniza La Sele porque don Chalo le pegó un golpe certero con la chancla en el 98, escupía todavía los últimos gritos del debate. El volumen estaba en once, pero nadie lo bajaba porque así se oye mejor el disparate.

—Ay, Dios mío, otra vez el Fabricio con cara de que le deben plata desde el 2018.

—Callate, Roderico, que vos también tenés cara de que te deben desde el 72 y seguís vivo.

—Doña Mary, póngale más gallo a ese casado, que con esta política uno necesita proteína pa’ aguantar.

—El gallo se acabó a las tres y media. Ahora solo hay frijolitos con amor y un poquito de tristeza.

—Mirá, mirá cómo le señala el dedo el David Hernández. Ese dedo parece un machete de finca.

—Es que el Fabricio le debe haber dicho algo de la mamá. Cuando alguien le menciona la mamá al Fabricio, se le sube la bilis hasta las cejas.

—Bilís no, Roderico. Bilis. Con i. Vos siempre escribís como si estuvieras borracho desde 1987.

—Es que estoy borracho desde 1987, Don Pepito. Solo que ahora lo disimulo mejor.

Don Chalo salió de la cocina con una bandeja de chiliguaros que parecían haber sido bautizados con agua de la llave.

—Oigan, ¿y esa denuncia que le sacó el David? ¿Será verdad o puro teatro pa’ las cámaras?

—Teatro no, Chalo. Eso es como cuando a uno le sale la cuenta del colmado: duele, es verdad y no hay forma de borrarla.

—Pues yo digo que el Fabricio se defendió bien. Le dijo al David: “Vos eras diputado cuando yo era diputado, así que callate la boca”. ¡Pum! Golpe al hígado.

—Golpe al hígado dice el hombre. Eso fue un codazo en la tráquea, Don Filemón. Yo vi cómo se le puso morado el cuello al David.

—Ay, Filemón, vos ves morado todo desde que te dieron ese golpe en la cabeza con la puerta del taxi en el 2009.

—Fue la puerta del carro de Laura Chinchilla, para que sepan. Ella iba apurada pa’l aeropuerto y me dijo: “Filemón, acelere que me voy pa’ la ONU”. Y yo le dije: “Presidenta, la ONU está en Nueva York, no en Pavas”. Y ahí me dio con la puerta.

—Callate ya con Laura Chinchilla, que esa mujer ya tiene su propio museo en tu cabeza.

De pronto la televisión mostró otra vez el momento: Claudia Dobles mirando fijo, Fabricio abriendo la boca como pez fuera del agua, David Hernández con el dedo tieso como estatua de santo de pueblo.

—Mira esa cara de Claudia. Parece que está pensando: “Yo soy la única adulta en este salón”.

—Y tiene razón. Los otros parecen tres patojos peleando por el último chicle en el recreo.

—Doña Mary, ¿usted a quién le va?

—Yo le voy al que me deje ver el partido del Saprissa sin que me lo cambien por debate. Punto.

—Esa sí es política seria.

—Oigan, ¿y si ganan todos y se reparten el país como cuando se reparten la gallina en domingo?

—Sería la primera vez que Costa Rica tiene cinco presidentes y ninguno sabe quién paga la planilla.

Don Pepito, que llevaba media hora escribiendo en una servilleta, levantó la vista.

—Escribí el titular perfecto pa’ mañana: “Debate presidencial: tres chispazos y cero ideas”. ¿Qué les parece?

—Le falta algo, Don Pepito.

—¿Qué?

—Ponga debajo: “En Alajuelita ya sabemos quién perdió: el que se quedó viendo el debate en vez de venir a tomarse un chiliguaro”.

Todos se rieron con esa risa corta y seca de quien sabe que, al final, la política es como el fútbol: mucho ruido, mucho grito y al terminar igual se va todo el mundo para la casa a comer gallo pinto recalentado.

La televisión seguía hablando sola. Nadie le hizo caso. En La Sele el debate de verdad nunca necesita micrófono.