Por Franco Cerutti

### El fuerte mensaje de candidato: “No vengo a pedir el voto por mi partido; estamos por perder la patria” – Cantina La Sele de Alajuelita – martes, 20 de enero de 2026

En la Cantina La Sele, donde el gallo ya cantó tres veces pero nadie le creyó porque el gallo está en campaña, el televisor parpadea como si tuviera miedo de mostrar el debate de ayer. Don Chalo sube el volumen con el control remoto que parece de la época de las mulas.

—Miren, miren, ahí está el Walter Hernández diciendo que no viene a pedir voto por su partido sino porque la patria se nos va por el tubo como cerveza en quincena.

Doña Mary, que lleva cincuenta años sirviendo casados y contando chismes sin respirar, deja caer la cuchara en el fregadero.

—¿Y cuál es la novedad? Todos los candidatos dicen que la patria se pierde cada cuatro años. Lo que cambia es el tubo por donde se va: unos dicen por el sur, otros por el norte, y el Chiquitico jura que se va por la cañería del baño de hombres.

Don Pepito, El Chiquitico, cronista oficial desde que inventaron la palabra “cronista”, se limpia los lentes con la servilleta que usó para secar el gallo pinto de anoche.

—Exacto, doña Mary. Este Walter no pide voto por el partido, pide voto por la reflexión. Reflexionar, dice. Como si uno pudiera reflexionar con el precio del arroz en la cabeza y el carro sin gasolina en la cochera. Yo reflexiono todos los días: ¿por qué no me toca la lotería? Y nada. La patria se pierde, pero la lotería sigue ganándosela el mismo tipo de Puntarenas.

Don Roderico, que lleva media hora mirando la botella de Imperial como si fuera un oráculo, suelta un eructo filosófico.

—Perder la patria… ¿y dónde la vamos a encontrar? ¿En el Mercado Central venden patrias de repuesto? Porque la mía ya está en oferta: dos por una, pero la segunda viene con moretones.

Don Filemón, el taxista pirata que jura que llevó a Laura Chinchilla al aeropuerto en 2014 aunque Laura dice que nunca ha estado en Alajuelita, entra sacudiéndose el sudor como si acabara de cruzar el desierto de La Carpio.

—Muchachos, yo acabo de dejar a un tipo que dice que es asesor del Walter. Me contó que el mensaje es profundo. No pide voto por partido, pide voto por la juventud. La juventud, dice. ¿Y dónde está la juventud? En TikTok bailando con filtros de perrito. Si la patria se pierde, que se pierda bailando, al menos sale en video.

Doña Mary sirve otro casado sin preguntar, porque en La Sele el casado llega solo cuando el alma lo pide.

—Ay, Filemón, vos siempre con tus cuentos. El otro día dijiste que llevaste a Figueres al cine y que lloró con “Titanic”. La patria no se pierde por falta de voto, se pierde por falta de memoria. Y memoria acá sobra: sobra para recordar quién debe rondas y quién no.

Don Chalo, desde atrás de la barra, grita sin dejar de limpiar el vaso que limpia desde 1987.

—Callen, que viene la parte buena. El tipo dice que si no votamos inteligentemente vamos a llorar lágrimas de sangre. Lágrimas de sangre… ¿y de qué color serán? Porque si son rojas como salsa Lizano, yo ya lloro todos los días con el gallo pinto.

El Chiquitico levanta el dedo como si fuera a dar una conferencia en la UCR.

—Miren, la gracia está en que no pide voto por su partido. O sea, su partido es tan chiquito que ni él lo quiere. Es como decir: “No voten por mi mamá, voten por mí que soy huérfano”. Pura estrategia. Al final todos piden lo mismo: que les demos la patria en custodia mientras ellos la venden por partes.

Don Roderico asiente tan fuerte que se le cae la cerveza.

—Exacto. Yo voto por el que prometa no perder la patria… pero que me devuelva la mía que perdí en el 82 cuando me robaron la bicicleta.

Doña Mary suspira y sirve otro Imperial sin que nadie lo pida.

—Total, que la patria se pierde todos los días un poquito. Ayer se perdió en el debate, hoy se pierde aquí en La Sele, y mañana quién sabe. Lo importante es que el casado no se pierda. Ese sí que es sagrado.

Y el televisor sigue parpadeando, como si el debate entero hubiera sido un mal sueño colectivo. En La Sele, la patria se pierde cada rato, pero siempre regresa… justo cuando alguien invita la ronda.