Por Franco Cerutti

### Ajuste en precios de combustibles – Cantina La Sele de Alajuelita – jueves, 22 de enero de 2026

En la Cantina La Sele el aire huele a casado recalentado y a promesas rotas de Aresep, como si la reguladora hubiera decidido que el bolsillo tico necesita un masaje con guantes de lija. El ventilador gira como un taxímetro loco y las botellas en la barra reflejan caras de incredulidad.

—Miren esto, la gasolina regular baja veintitrés colones, la súper tres, el diésel ocho menos, pero el gas LPG sube dos. ¿Qué es esto, un truco de magia o un robo a media luz?

Doña Mary planta un casado frente a Don Roderico con la fuerza de quien sabe que el arroz nunca baja de precio.

—Bajan la gasolina y suben el gas. Perfecto. Así cocinamos con el motor del carro encendido. Yo llevo cincuenta años sirviendo casados y nunca vi que el frijol baje cuando la papa sube. Aresep debe pensar que somos ranas: nos meten en agua tibia y nos hierven despacito.

Don Chalo pasa el trapo por la barra como si estuviera borrando deudas.

—Veintitrés colones menos en la regular. Con eso compro… ¿qué? ¿Media tortilla? El que tiene carro grande ahorra para el próximo ajuste, y el que usa gas para cocinar paga la fiesta. Bilaterales, dicen. Bilateral es cuando te dan con la derecha y te quitan con la izquierda.

Don Filemón entra arrastrando el olor a escape de su taxi pirata, se sienta y pide guaro como si fuera medicina contra la Aresep.

—Veintitrés colones. Yo lleno el tanque y ahorro lo suficiente para llevar a Laura Chinchilla al aeropuerto otra vez. Pero el gas sube, así que mi doña cocina con leña y yo huelo a humo todo el día. ¿Seguridad energética? Ja, seguridad es cuando el precio no te asesina el sueldo.

Don Pepito, El Chiquitico, abre su libretita con un lápiz que parece más corto cada día.

—Apunto para la crónica: «Aresep regala rebaja en gasolina y cobra entrada por el gas». Non sense total. Imaginen: la gasolina baja tanto que la gente deja el carro en la casa y camina… pero sin gas no hay café, sin café no hay tico feliz. Al final todos perdemos.

Don Lalo, el electricista que anda con cables colgando como collares, interviene mientras pela un chile con los dientes.

—Bajan la gasolina para que corramos más rápido al banco a sacar plata para el gas que subió. Es como un carrusel: sube, baja, pero nunca te deja bajar del todo. Aresep es el payaso que te da un globo y te lo pincha.

Don Roderico mastica lento, como si cada grano de arroz tuviera un secreto.

—Y si el gas sube dos colones, ¿por qué no sube el casado dos colones también? Doña Mary, ¿no va a ajustar el precio? Con la rebaja de gasolina puedo venir más seguido, pero sin gas en la casa mi mujer me cocina a mí en la estufa.

Doña Mary resopla y sirve otro plato que humea como una protesta.

—Ajuste, dice. El casado sube cuando quiere, no cuando Aresep dice. La gasolina baja, el gas sube, el frijol se mantiene caro y el guaro igual. Al final el bolsillo queda igual de flaco, solo que ahora huele a diésel barato.

Don Chalo levanta un vaso empañado.

—Brindo por Aresep: que sigan bajando la gasolina hasta que quepa en una botella de Imperial, y subiendo el gas hasta que cocinemos con el calor de la vergüenza. Salud, y que el próximo ajuste sea en nuestra cuenta bancaria.

El ventilador sigue girando, lento y absurdo, mientras la cantina digiere la noticia como un casado mal digerido: con sabor a victoria pírrica y eructos de incredulidad.