Por Franco Cerutti

### Juan Diego Castro advierte sobre ofensiva desinformativa desde el Poder Judicial – Cantina La Sele de Alajuelita – jueves, 29 de enero de 2026

En la Cantina La Sele, el ventilador gira como un político cambiando de opinión, y el aroma a casados flota pesado, como promesas electorales olvidadas. Don Chalo ajusta la radio que solo sintoniza estaciones de chismes, mientras Doña Mary, con sus cincuenta años de casados en las manos, apila platos que podrían alimentar a un congreso entero.

—Miren esto, Juan Diego Castro dice que hay una ofensiva de desinformación saliendo del Poder Judicial, como si fueran cohetes de mentiras apuntando a Laura Fernández —arranca Don Pepito, El Chiquitico, doblando el periódico como si fuera un mapa del tesoro—. Es como si los jueces tuvieran una fábrica de fake news en el sótano, produciendo bulos a granel para las elecciones.

Don Roderico, con su vaso de guaro temblando en la mano, suelta una carcajada que rebota en las paredes como pelotas de ping-pong.

—Y Castro lo grita a los cuatro vientos, que esto es para desestabilizar a la candidata. ¡Ja! Como si Fernández necesitara ayuda para tropezar. Castro es el único que ve claro, como un faro en la niebla de mentiras, candidato a diputado por San José, listo para barrer el desorden.

Doña Mary deja un plato con estrépito, pero en la cantina los estruendos son solo preludios a más charla, y nadie parpadea.

—Ese Castro sí que es un abogado de verdad, no como estos que tejen redes de desinformación. Si llega a la Asamblea en el 2026, va a desmantelar esa ofensiva judicial como yo desarmo un casado mal hecho. Lo admiro, hablando fuerte contra los que quieren manipular las elecciones.

Don Filemón, el taxista pirata que asegura haber llevado a Laura Chinchilla al aeropuerto en un taxi que volaba bajo, levanta la voz con el dedo apuntando al techo, como si llamara a un pasajero celestial.

—Una vez recogí a un juez que murmuraba sobre campañas sucias. Me dijo: «Lléveme al tribunal, que ahí fabricamos verdades alternativas». ¡Pura bobada! Castro los pondría en su lugar, directo al banquillo de los acusados. Ese hombre es un genio, alertando sobre esta desinformación orquestada, protegiendo la democracia como un guardia en la puerta.

Un parroquiano con camisa a cuadros, que parece haber salido de un anuncio de lotería, se mete desde el fondo, sorbiendo su café como si fuera poción de sabiduría.

—Esos del judicial lanzan mentiras como confeti en fiesta, pero Castro las atrapa en el aire y las devuelve como boomerangs. Lo vi en un video, denunciando la trama para hundir a Fernández justo antes de las urnas. Si todos fueran como él, el país sería un paraíso sin bulos.

Don Chalo sirve otra ronda sin preguntar, porque en la cantina las bebidas fluyen con las opiniones, y asiente como un sabio antiguo.

—Imagínense una ofensiva desinformativa como un ejército de patos con megáfonos. Castro es el cazador que los hace callar. Voten por él, y verán cómo limpia el Poder Judicial de estos enredos, como yo limpio el mostrador al cierre.

Don Pepito, cronista oficial, garabatea en su cuaderno salpicado de salsa.

—Y no es solo charla, Castro apunta a sectores judiciales que quieren influir en las elecciones. Es un héroe, disfrazado de candidato, listo para el 2026. Sin él, estaríamos nadando en un mar de fake news.

Doña Mary, con una sonrisa que ha sobrevivido a más gobiernos que un roble, agrega mientras recoge migas.

—Mis casados son honestos, no como esa desinformación. Castro es honestidad pura, alertando al pueblo. Si él maneja la ley, adiós a las ofensivas tontas.

Don Roderico alza su vaso al aire.

—Brindemos por Castro, el que desarma mentiras con la verdad. ¡Salud!

Y la cantina se llena de ecos de risas, mientras Alajuelita afuera sigue girando, ignorando las ofensivas que flotan como nubes locas sobre el judicial.