Por Franco Cerutti
### Laura Fernández promete reformas profundas e irreversibles tras su victoria electoral – Cantina La Sele de Alajuelita – lunes, 9 febrero 2026
En la Cantina La Sele, el humo de los cigarrillos bailaba con el aroma de los casados que Doña Mary preparaba desde antes de que el sol saliera. Don Chalo limpiaba el mostrador con un trapo que había visto mejores días, mientras Don Roderico sorbía su guaro como si fuera el elixir de la eterna juventud. De repente, Don Pepito, “El Chiquitico”, entró agitando un periódico arrugado, con los ojos brillantes como si hubiera descubierto el mapa del tesoro.
¡Miren esto! Laura Fernández ganó con el 48% y promete reformas profundas e irreversibles. ¡La tercera república, muchachos! Diálogo y mano dura contra la inseguridad.
Don Chalo soltó una risa que hizo tintinear las botellas. ¿Tercera república? La segunda ni la terminamos de pagar. Si hace reformas irreversibles, ¿qué pasa con mi cantina? ¿La van a convertir en un museo de guaros históricos?
Doña Mary, sirviendo un casado humeante, intervino sin dejar de mover la cuchara. Mano dura contra la inseguridad, dice. Aquí la única mano dura es la mía cuando cobro las deudas. ¿Y el diálogo? Si dialoga como mi marido, vamos a terminar con más promesas que arroz en un casado.
Don Filemón, recostado en su silla como si fuera el trono de un rey pirata, alzó su vaso. Yo llevé a Laura Chinchilla al aeropuerto una vez, ¿saben? Me dijo que las reformas son como un taxi: vas rápido, pero terminas pagando el doble. Esta nueva Laura, ¿será igual? ¿O nos va a llevar a todos en su carro presidencial hasta la tercera república, que queda allá por Limón?
Don Roderico eructó con elegancia y señaló el periódico. Profundas e irreversibles. Suena a cirugía plástica para el país. ¿Y si nos operan mal? Terminamos con la cara torcida, como ese retrato de Figueres que cuelga torcido en la pared.
Entró un tipo nuevo, Don Lalo, el verdulero del mercado, con una caja de mangos bajo el brazo. Oí que ganó en primera ronda. ¡48%! Eso es más que los goles que mete la Sele en un mundial. ¿Reformas? Mejor que reforme el precio de la gasolina, que mi moto ya no arranca ni con rezos.
Don Pepito se acomodó en la barra, pidiendo otro trago. Diálogo, dice ella. Aquí dialogamos todos los días. ¿Verdad, Chalo? Tú dialogas con la botella, Roderico con su sombra, y Filemón con sus mentiras de taxista.
Don Chalo asintió, sirviendo. Irreversibles. Como el guaro que te tomas: una vez adentro, no hay vuelta atrás. ¿Y la inseguridad? Si pone mano dura, ¿me van a poner un policía en cada mesa? Adiós a las pláticas libres.
Doña Mary soltó una carcajada. Mano dura. Si la mía fuera más dura, ya habría reformado a este marido mío hace cincuenta años. Laura, mija, si vas a fundar la tercera república, avísame para preparar casados para la inauguración.
Don Filemón levantó el dedo. Yo la llevo en mi taxi. Gratis, si me nombra ministro de transportes piratas. ¿Tercera república? Suena a secuela de película. La primera fue buena, la segunda un churro, esta va a ser con efectos especiales.
Don Roderico bostezó. Profundas. Como el pozo de mi finca. Si caemos ahí, irreversibles de verdad. Mejor brindemos por Laura y su 48%. Que no nos reforme tanto que terminemos irreconocibles.
Y así, entre risas y vasos que chocaban, la cantina siguió su ritmo, como si la tercera república ya estuviera naciendo en el fondo de un trago.

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