Por Franco Cerutti

¡Bienvenidos al paraíso métrico donde todo es perfecto… hasta que pedís un café o un refresco!

Costa Rica adoptó oficialmente el Sistema Internacional de Unidades desde mil novecientos setenta y tres, ley clarísima: metro, kilo, litro y punto. Nada de libras ni onzas. Y sin embargo entrás a cualquier cafetería o soda y la realidad te da una bofetada.

“¿De cuántas onzas lo querés?” te preguntan como si fuera lo más normal del mundo. ¿Onzas? ¿Qué demonios es una onza? Yo ni sé cuántas onzas caben en un litro y tampoco quiero averiguarlo. Dame trescientos mililitros, cuatrocientos mililitros, medio litro, lo que sea, pero en idioma tico, no en imperial disfrazado de español.

Da igual si es café, Coca-Cola, jugo o lo que sea. Te miran como si fueras raro por pedir en centilitros. Estás ahí, adulto funcional, y de repente necesitás una calculadora mental para pedir cualquier bebida. ¿Seis onzas? ¿Ocho onzas? ¿Diez onzas? ¡Decime en centilitros como la gente decente!

La única excusa que acepto son las tuberías. Ahí sí, un cuarto, media, tres cuartos de pulgada… eso viene de toda la vida y nadie lo va a cambiar. Pero ¿el café? ¿La gaseosa? ¿El refresco? Por favor. Estamos en zona métrica, no en colonia.

Así que la próxima vez que te digan “de ocho onzas”, míralos fijo y respóndeles: “Dame doscientos treinta y seis mililitros, gracias. Y que sea la última vez que me hablás en idioma extranjero en mi propio país.”

Porque si la ley dice que es ilegal, entonces que la apliquen… al menos para las bebidas.