Por Franco Cerutti
### Presidenta Laura Fernández lidera encerrona de poderes para combatir la inseguridad – Cantina La Sele de Alajuelita — Lunes, 1 de junio de 2026
En la Cantina La Sele de Alajuelita el televisor parpadeaba como si tuviera fiebre y el humo de los casados se enredaba con el olor a pólvora imaginaria.
¡Encerrona de poderes, compadre, pero de las de verdad! exclamó Don Pepito, El Chiquitico, agitando un pedazo de tortilla como acta notarial. La presidenta metió a diputados, jueces, fiscales y hasta al de la limpieza del INS en un salón sin ventanas y les dijo: aquí no sale nadie hasta que los delincuentes queden más adentro que mi dentadura postiza.
Don Chalo soltó una carcajada que hizo temblar las Imperiales. Eso es como cuando Doña Mary me encierra en la bodega para que no me coma los chicharrones antes de hora.
Doña Mary pasó con la bandeja y respondió sin mirar a nadie. Estos casados de hoy llevan doble porción de frijoles porque la seguridad empieza por el estómago, si el delincuente come bien se duerme y no roba.
Don Roderico, con la camisa abierta hasta el ombligo, se levantó de un salto. ¡Exacto! Propongo que las cárceles de máxima seguridad tengan puertas de las que no se abre ni con la llave del reino de los cielos y que a los de situación de calle les den un casado gratis, pero con recibo para que firmen que no van a robar más.
Don Filemón, que acababa de aparcar el taxi pirata contra el poste de la luz, entró limpiándose las manos en los pantalones. Yo la llevé a doña Laura a esa encerrona, le cobré el doble porque era secreto de Estado y me dijo: Filemón, maneje despacio que vamos a salvar Costa Rica. Le respondí que con mi carro salvamos hasta el Mundial del 26.
Un cliente nuevo que nadie conocía, con sombrero de caña, intervino desde la esquina. Entonces los diputados propusieron que los ladrones paguen con trabajo: que pinten las líneas de los campos de fútbol y así se cansan y no matan.
¡Genial! gritó Don Pepito otra vez. Y si se portan mal les quitamos la cerveza de la cantina de la cárcel, que sea solo fresco de tamarindo con sal.
Doña Mary dejó la bandeja con estrépito. Cincuenta años sirviendo casados y nunca había visto tanta idea buena. A los de la calle les damos un rancho, pero con puerta que solo se abre si votan por Pueblo Soberano.
Don Chalo sirvió otra ronda sin preguntar. Miren, si la presidenta los encerró a todos es porque sabe que aquí en La Sele resolvemos los problemas del país en tres Imperiales y un gallo pinto. Mañana invito yo a otra encerrona: cerramos la cantina hasta que inventemos cómo meter a los malos en el congelador de las cervezas.
Don Roderico chocó su vaso contra el de Don Filemón. ¡Salud por la encerrona! Que los poderes queden tan unidos como los frijoles y el arroz en este plato.
Y Don Pepito, El Chiquitico, cronista oficial, escribió en la servilleta: “Hoy la patria se salvó en Alajuelita. Mañana seguimos encerrados hasta que todo quede en orden… o hasta que se acabe la cerveza”.
Doña Mary apagó la luz del fondo y murmuró bajito. Si siguen así, los delincuentes van a pedir entrar voluntariamente solo para probar mis casados de máxima seguridad.
La risa retumbó hasta Zapote y la Cantina La Sele cerró esa noche sabiendo que, por una vez, Costa Rica estaba más segura… dentro del bar.

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