Por Franco Cerutti
### En el Bar La Sele: ¡National Geographic Descubre que Costa Rica No Es Solo Un Parqueo para Volcanes!
Por Don Pepito, “El Chiquitico”, Cronista Oficial del Bar La Sele, Alajuelita. (Escrito con una mano en la cerveza y la otra en el periódico arrugado, porque aquí las noticias llegan tarde, pero el chisme vuela como un tucán con diarrea).
Ahí estaba el Bar La Sele, en el corazón de Alajuelita, ese rincón donde el sol se pone como si tuviera prisa por esconderse de los mosquitos. Era una tarde cualquiera, de esas en que el aire huele a casado recalentado y a promesas electorales olvidadas. Don Chalo, el dueño, limpiaba el mostrador con un trapo que había visto mejores días –probablemente en la época de Figueres–, mientras Doña Mary, su esposa eterna, servía casados con una sonrisa que parecía tallada en cincuenta años de paciencia. “¡Otro casado para el alma, mijo!”, gritaba ella, como si el arroz con frijoles pudiera curar el alma o al menos el hambre.
Don Roderico, el cliente fijo que juraba haber inventado el gallo pinto pero se lo robaron los nicaragüenses, estaba encorvado sobre su banquito, murmurando sobre el clima. “Hoy llueve, mañana no, y pasado quién sabe… ¡Es como el gobierno, impredecible pero mojado!”. Al lado, Don Filemón, el taxista pirata que presumía de haber llevado a Laura Chinchilla al aeropuerto –“¡Y no me dio propina, la doña! Pero le conté un chiste sobre el PAC y casi se ríe”–, agitaba el periódico como si fuera una bandera de rendición.
De repente, entra Tío Lalo, el primo lejano de todos, con un sombrero que parecía haber sobrevivido a un huracán. “¡Oigan, oigan! ¡National Geographic nos ha descubierto! ¡Costa Rica es un destino turístico renovado! Dicen que van a promovernos en trece mercados con una campaña de setecientos mil dólares. ¡Magia natural, pura vida y todo eso!”. Lo leyó de un papelito que sacó del bolsillo, probablemente robado de la peluquería de al lado.
Don Chalo paró de limpiar y soltó una carcajada que hizo temblar las botellas de guaro. “¿Renovado? ¿Qué, nos van a pintar de verde otra vez? ¡Si ya somos más verdes que un sapo en una ensalada! National Geographic… Eso es esa revista con fotos de monos desnudos y tribus que bailan sin ropa, ¿no? ¿Van a venir a filmar aquí en Alajuelita? ¡Imagínense, Doña Mary sirviendo casados a un gringo con cámara! ‘¡Pura vida, mister! ¿Quiere extra de chicharrón o solo magia natural?’”.
Doña Mary, sin inmutarse, sirvió un plato humeante a Don Roderico. “Ay, Chalo, no seas tonto. Si vienen, les cobro doble por el casado. Cincuenta años sirviendo y nunca he visto un dólar mágico. ¿Renovado? ¡Yo renové el bar en el 82, puse un ventilador nuevo y se lo llevó un viento! Magia natural… La única magia aquí es que el café no se enfríe antes de que lo paguen”.
Don Filemón, siempre el experto en todo, se enderezó como si estuviera manejando su taxi invisible. “¡Yo los llevo! ¡Setecientos mil dólares! Con eso compro un carro nuevo y llevo a National Geographic al volcán Poás. ‘¡Mire, señor, ahí está la magia: un hoyo que huele a huevo podrido!’ O a la playa, pero cuidado con los cocodrilos, que esos no son renovados, son antiguos como mi deuda con el banco. ¿Y trece mercados? ¿Mercados como el de aquí, con chorizos y piñas? ¡Van a vender Costa Rica como una fruta exótica! ‘¡Compre su pedacito de paraíso, con monos incluidos!’”.
Entra entonces Don Quique, el electricista que jura haber cableado la Casa Presidencial pero se electrocutó con una tostadora. “¡Non sense total! National Geographic… ¿Saben qué? Yo vi un documental de ellos sobre pingüinos. ¿Pingüinos en Costa Rica? ¡No! Pero si nos renuevan, tal vez traigan pingüinos al Caribe. ‘¡Pura vida, pingüino! ¡Baila reggae!’ Y la campaña audiovisual… ¿Eso significa que van a poner videos de nosotros bailando en YouTube? ¡Yo bailo como un quetzal con calambre!”.
Don Pepito, yo mismo, el Chiquitico, anotaba todo en mi libretita manchada de salsa Lizano. “Esto es grande, muchachos. Imagínense: Alajuelita en National Geographic. ‘El Bar La Sele: donde la magia natural se mezcla con el guaro y los chistes malos’. Don Chalo, prepara el bar para la fama. Doña Mary, practica tu sonrisa para la cámara. Don Filemón, lava el taxi, que tal vez lleves a un fotógrafo al aeropuerto –¡y esta vez cobra propina!”.
Don Roderico, sorbiendo su café, soltó la perla final: “Renovado… ¿Y quién renueva mi pensión? National Geographic debería filmar eso: ‘Costa Rica, tierra de promesas renovadas… que nunca se cumplen’. ¡Ja! Pásenme otro casado, Doña Mary, que la magia natural me dio hambre”.
Y así, en el Bar La Sele, la noticia de National Geographic se convirtió en un remolino de risas absurdas, como un mono robando una cámara en la selva. Porque aquí, en Alajuelita, la pura vida no necesita renovación: ya es un caos perfecto. Fin del reporte, hasta la próxima cerveza.

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