Por Franco Cerutti
### Elecciones nacionales 2026: Costa Rica acude sin entusiasmo a una elección marcada por el desencanto y la amenaza autoritaria. La campaña más larga de la historia reciente cierra en un clima de recelo y cansancio ciudadano, con preocupaciones sobre el futuro democrático del país – Cantina La Sele de Alajuelita – Domingo, 25 de enero de 2026
En la Cantina La Sele, el humo del cigarrillo de Don Roderico se enredaba con el vapor de los casados que Doña Mary servía desde hace medio siglo, como si el tiempo se hubiera quedado atrapado en una botella de guaro. El ventilador del techo giraba perezoso, como un político prometiendo cambios, y Don Chalo limpiaba el mostrador con un trapo que había visto mejores días, quizás en la era de los dinosaurios ticos.
Don Pepito, «El Chiquitico», entró tambaleándose con un periódico arrugado bajo el brazo, como si llevara el peso de la nación en una hoja de lechuga. Se sentó en su banquito eterno y gritó:
–¡Elecciones! ¡La campaña más larga que un partido de fútbol con prórroga infinita! Costa Rica va a votar sin ganas, como quien come arroz con pollo sin pollo.
Don Chalo levantó la vista del vaso que pulía, que brillaba más que el futuro del país.
–¿Y qué? –refunfuñó–. Todos los años lo mismo. Desencanto, autoritarismo… ¿Amenaza? La única amenaza aquí es que se acabe el Imperial antes del mediodía.
Doña Mary, con su delantal eterno manchado de salsa Lizano, sirvió un casado a Don Roderico, que lo miró como si fuera un candidato sospechoso.
–Ay, hombres, siempre con política. Yo llevo cincuenta años casada con este bar y nadie me amenaza con democracia. ¿Quieren más yuca?
Don Filemón, el taxista pirata que juraba haber llevado a Laura Chinchilla al aeropuerto en un taxi volador, se rio desde su esquina, con un diente de oro brillando como una promesa electoral.
–¡Ja! Yo llevé a Chinchilla, y ella iba más entusiasmada que esta gente ahora. Desencanto, dicen. ¿Saben qué es desencanto? Cuando el taxi se queda sin gasolina en medio de la Ruta 27 y el pasajero es un fantasma.
Un tipo nuevo, Don Lalo el electricista, que acababa de entrar con un rollo de cable como si viniera a cablear el voto electrónico, intervino mientras pedía un fresco de chan.
–Pero miren, la campaña es larga como la cola en el INS. Recelo, cansancio… ¿Y si el autoritarismo es solo un señor con bigote que quiere mandar a todos a la cama temprano?
Don Pepito agitó el periódico como una bandera de rendición.
–¡Non sense! El país va a las urnas como un zombie a un supermercado vacío. Preocupaciones democráticas, ja. ¿Futuro? El futuro es que gane el que prometa más puentes invisibles.
Don Roderico mordió su casado y escupió una aceituna rebelde.
–Yo voto por el que traiga cerveza gratis. Amenaza autoritaria… ¿Eso es como cuando Don Chalo amenaza con cerrar temprano porque estamos ruidosos?
Doña Mary soltó una carcajada que hizo tintinear los vasos.
–¡Cerrar temprano! Eso sí sería autoritarismo. Cincuenta años sirviendo, y ahora vienen con elecciones sin entusiasmo. ¿Quieren un casado con extra de desencanto?
Don Chalo sirvió otro rondín, guiñando un ojo.
–Aquí en La Sele, la democracia es simple: quien paga, manda. El resto es puro cuento de campaña larga como un lunes sin feriado.
Don Filemón levantó su vaso, brindando con el aire.
–¡Salud por el taxi al aeropuerto del mañana! Si Chinchilla vuelve, la llevo gratis, pero solo si el país despierta de este sueño non sense.
Y así, entre risas y casados, la cantina siguió girando como el ventilador, ignorando el desencanto nacional, porque en Alajuelita, la política era solo otra excusa para un guaro más.

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