Por Franco Cerutti

### Momentos clave del debate presidencial en Repretel-Noticias Monumental – Cantina La Sele de Alajuelita – miércoles, 28 de enero de 2026

En la Cantina La Sele, el humo de los casados se mezclaba con el vapor de las cervezas calientes, porque don Chalo había olvidado enchufar la nevera otra vez. Don Pepito, «El Chiquitico», cronista oficial, se subía a su banquito para leer el periódico con voz de locutor de radio antigua, mientras los demás sorbían sus tragos como si el mundo se acabara en el próximo sorbo.

—Miren esto, compas, el debate presidencial en Repretel y Monumental fue un circo con leones sin dientes. Laura Fernández, Álvaro Ramos, Natalia Díaz y los otros se agarraron como gatos en un saco de pulgas.

Don Chalo, limpiando un vaso con un trapo que parecía haber limpiado el piso, soltó una risa que sonó como un motor oxidado.

—Ja, ja, ¿y qué? Yo vi el debate en la tele de aquí, que se ve borrosa porque el gato la usa de cama. Laura acusando a Fabricio de acoso, como si en política no se acosaran todos los días con promesas falsas.

Doña Mary, sirviendo un casado que llevaba cincuenta años perfeccionando, con arroz que parecía cemento y carne que bailaba sola, intervino mientras ponía el plato frente a don Roderico.

—Ay, Chalo, no seas tan cínico. Esa Laura es una fiera, pero el tal Álvaro Ramos la picó con lo de los narcos en su partido. ¿Y vos, Roderico, qué pensás? Vos que siempre decís que la política es un partido de fútbol sin balón.

Don Roderico, con su bigote que parecía un cepillo viejo, masticaba el casado como si fuera un rompecabezas.

—Pues yo digo que Natalia Díaz y Claudia Dobles se pelearon por las prisiones como si fueran dueñas de un hotel con barrotes. Uno habla de seguridad, el otro de derechos, y al final nadie cierra la puerta. Pasame otra birra, Chalo, que esto me da sed de justicia.

De repente, don Filemón, el taxista pirata que juraba haber llevado a Laura Chinchilla al aeropuerto en un taxi volador, entró tambaleándose con un periódico arrugado bajo el brazo.

—Oigan, yo llevé a Chinchilla, pero estos de ahora son peores. En el debate, Ariel Robles sacó lo de un candidato que dice que lo de los menores es «normal». ¡Normal! Como si normal fuera mi taxi sin placas. ¿Y la hija de Ligia Faerron desautorizando a Laura? Eso es como rechazar un gol en propia meta.

Un tipo nuevo, don Lalo el electricista, que andaba por ahí arreglando la nevera que don Chalo había olvidado, metió la cucharada mientras conectaba cables que chispeaban como fuegos artificiales baratos.

—Electricidad para la tele, muchachos. Pero en serio, el TSE investigando a los hermanos de Laura por plata dudosa. ¿¢124 millones en bonos? Eso es más que lo que gano yo en un siglo de enchufes. Y los expertos advirtiendo de suspender garantías, como si fuéramos a vivir en una dictadura de chistes malos.

Don Pepito, bajándose del banquito para no caerse de la risa, apuntó con su dedo chiquito.

—Chiquitico pero sabio, yo digo que fue un debate de acusaciones personales, como una telenovela con votos. Uno acusa de acoso, otro de narcos, y al final todos prometen seguridad como si tuvieran una varita mágica. ¿Y el temblor de 3,7? Eso fue el país temblando de tanta bronca.

Doña Mary, sirviendo otro casado que olía a gloria eterna, miró a todos con ojos de jueza suprema.

—Coman, coman, que con barriga llena se discute mejor. Pero si siguen así, van a suspender las garantías aquí en la cantina y los echo a todos.

Don Chalo, riendo hasta que el trapo se le cayó, cerró el grifo de la cerveza.

—Y yo que pensaba que mi nevera era el mayor problema. Pasen la página, que mañana hay otro debate, o tal vez un sismo de mentiras.

El grupo estalló en carcajadas, mientras el casado de doña Mary seguía bailando en los platos, y la tele borrosa mostraba repeticiones del caos, como si la política fuera un partido eterno sin ganador.