### Presidenta Laura Fernández acusa de “golpistas” a magistrados de la Sala Constitucional – Cantina La Sele de Alajuelita — sábado, 1 de agosto de 2026

por fcerutti | Ago 1, 2026 | Bar La Sele, Costa Rica, Vida cotidiana

### Presidenta Laura Fernández acusa de “golpistas” a magistrados de la Sala Constitucional - Cantina La Sele de Alajuelita — sábado, 1 de agosto de 2026

El televisor del rincón hacía un ruido como de radio antigua y la noticia ya llevaba tres repeticiones cuando don Pepito, El Chiquitico, levantó la vista del cuaderno manchado de salsa Lizano.

 

—Dicen que los jueces le dieron un golpe de Estado a la Asamblea. 

—Un golpe de Estado judicial —corrigió don Chalo sin soltar el trapo—. Como cuando el árbitro pita un penal inexistente y después se va caminando como si nada. 

—Yo no entiendo —dijo don Roderico—. Si el golpe lo dan cuatro magistrados, ¿quién agarra el micrófono después? ¿El de la Sala Cuarta se pone la banda presidencial o se la pasan entre ellos como si fuera una botella de guaro? 

 

Doña Mary llegó con tres casados al mismo tiempo y los dejó caer sobre la mesa con la precisión de quien lleva cincuenta años midiendo el peso del plátano maduro.

 

—En mi tiempo los golpes de Estado se hacían con tanques. Ahora se hacen con resoluciones y después todo el mundo discute si el tanque era de verdad o de papel. 

 

Don Filemón, que estaba en la esquina contando billetes arrugados, levantó un dedo.

 

—Yo una vez llevé a Laura Chinchilla al aeropuerto. Ella no hablaba de golpes. Hablaba de que el tráfico de San José era peor que cualquier conspiración. Y tenía razón. 

 

—Pero esto es distinto —insistió don Pepito—. Aquí el golpe no derroca al gobierno. El golpe prorroga a los suplentes. Es un golpe de Estado que no cambia nada, solo alarga lo que ya estaba. Como cuando el partido se va a tiempos extras y al final gana el mismo equipo. 

 

Don Roderico se rascó la cabeza con el borde del vaso.

 

—Entonces es un golpe de Estado de mantenimiento. 

—Exacto —asintió don Chalo—. Un golpe preventivo. Como cuando uno le pone un candado a la puerta antes de que lleguen los ladrones, solo que aquí los ladrones son los mismos que ponen el candado. 

 

Un cliente de paso, el que siempre pide cerveza sin espuma, intervino desde la barra:

 

—Yo leí que van a poner una querella por prevaricato. 

—Prevaricato —repitió doña Mary—. Suena a enfermedad de las vacas. 

—Es cuando un juez decide una cosa sabiendo que está mal —explicó don Pepito. 

—Entonces todos los jueces del mundo deberían estar querellados desde 1850 —dijo don Filemón—. Porque si uno se pone a pensar, casi todas las sentencias tienen algo de mal. 

 

Don Chalo se limpió las manos en el delantal.

 

—Lo que no entiendo es cómo cuatro personas pueden dar un golpe de Estado y al mismo tiempo seguir cobrando el salario. En los golpes de verdad al menos se esconden. Estos se quedan en la oficina. 

 

—Porque el golpe moderno es administrativo —declaró don Pepito, escribiendo algo en el cuaderno—. Ya no se toma el cuartel. Se toma el expediente. 

 

Doña Mary sirvió otro café.

 

—Y mientras tanto la gente sigue pidiendo casado. Porque el país puede temblar, puede tener ondas tropicales y puede tener golpes de Estado judiciales, pero el casado de almuerzo no se suspende. 

 

Don Roderico levantó la botella vacía.

 

—Eso sí es estabilidad democrática.