Por Franco Cerutti
En el Bar La Sele de Alajuelita, donde el café sabe a victoria de la Selección y las empanadas a derrota electoral, el sol de diciembre de 2025 se filtra por las persianas rotas como si quisiera votar por el aire acondicionado que nunca llegó. Don Pepito, “El Chiquitico”, cronista oficial con su libreta manchada de guaro, se acomoda en su taburete eterno, el que cruje como las promesas de los políticos. “¡Treinta y cuatro días para las elecciones!”, proclama, como si estuviera anunciando el fin del mundo o el inicio de una oferta en chorreadas. “Diario Extra dice que hay perfiles de candidatos, reformas y economía. ¿Quién quiere empezar el debate? Yo voto por el que prometa pavimentar el hueco frente al bar, que ya se tragó dos motos y un sueño”.
Don Chalo, el dueño, limpia el mostrador con un trapo que ha visto más campañas que un afiche electoral, y gruñe: “¿Perfiles? Ja, perfiles son los de las botellas vacías que dejo aquí. Ese Álvaro Roberto Ramos Chaves, de Liberación Nacional, ¿va a ganar o qué? Dicen que es como un toro en la economía, pero en el bar lo vemos más como un gallo que canta reformas y luego se va a dormir. Si gana, prometo que el próximo casado viene con extra de chicharrón gratis. ¿O no, Mary?”.
Doña Mary, que lleva cincuenta años sirviendo casados como si fueran medallas de guerra, emerge de la cocina con una bandeja humeante. “¿Gratis? Ni que fueras candidato, Chalo. Yo voto por Natalia Díaz Quintana, de Unidos Podemos, esa mujer parece una empanada bien rellena: arte, deporte y cultura. Imagínense, si gana, tal vez nos pongan un museo aquí en Alajuelita, con exposiciones de botellas de guaro antiguas. O mejor, clases de baile para que Roderico deje de pisar a todo el mundo en las fiestas”. Su risa es como el vapor de los casados, caliente y efímera, mientras sirve uno a Don Roderico, que está hundido en su esquina como un voto nulo.
Don Roderico, cliente fijo con bigote de revolucionario de barrio, mastica su casado y eructa una opinión: “¿Cultura? Bah, yo quiero al que prometa bajar el precio de la birra. Ese Andrés Ariel Robles Barrantes, del Frente Amplio, dice que reformas sociales y medio ambiente. ¿Medio ambiente? Aquí el medio ambiente es el humo del asador de Chalo, que ya mató más mosquitos que un fumigador. Si gana, tal vez nos convierta el bar en una cooperativa ecológica, donde sirvamos jugo de piña en vez de Imperial. ¡Y yo que pensaba que el nonsense era solo en las novelas!”. Levanta su vaso como si brindara por el absurdo, y el líquido salpica a Don Filemón, que entra tambaleante como un taxi en hora pico.
Don Filemón, el taxista pirata que jura haber llevado a Laura Chinchilla al aeropuerto –y a medio gabinete a misa los domingos–, se acomoda en la barra con su gorra ladeada. “¡Yo la llevé, sí señor! Y me dijo: ‘Filemón, estos candidatos son como tus carreras: rápidas, caras y llenas de baches’. Miren, ese Eliécer Feinzaig Mintz, del Liberal Progresista, perfil de veterano, economía sólida. Pero ¿sólida como qué? ¿Como el pavimento de la Ruta 27, que se derrite en lluvia? Si gana, prometo carreras gratis al polling station, pero solo si votan por el que prometa taxis voladores. ¿Y Luz Mary Alpízar Loaiza? Esa es como un fantasma de elecciones pasadas, aparece cada cuatro años con reformas que nadie entiende, como mi contador de gasolina que marca lleno cuando está vacío”.
De repente, entra Tío Beto, el vecino que siempre llega con un periódico arrugado bajo el brazo, como si fuera un mapa del tesoro electoral. “¡Oigan, oigan! Diario Extra dice debates sobre reformas. ¿Reformas? Yo reformaría el fútbol primero. Ese Gerardo Fabricio Alvarado Muñoz, de Nueva República, perfil de economista serio. Pero serio como qué, ¿como la cara de Chalo cuando le piden fiado? Si gana, tal vez nos suba los impuestos al guaro, y entonces tendremos que beber agua bendita”. Todos ríen, menos Doña Mary, que lanza un casado volador hacia Tío Beto: “¡Bendita seas tú entre las reformas, pero paga primero!”.
Don Pepito anota todo en su libreta, con garabatos que parecen mapas electorales dibujados por un niño. “Treinta y cuatro días, señores. Perfiles: Ramos Chaves el toro, Díaz Quintana la cultural, Robles Barrantes el verde, Feinzaig Mintz el veterano, Alpízar Loaiza el fantasma, Alvarado Muñoz el serio. ¿Y el resto? Extras en la película. Aquí en el Bar La Sele, votamos por el que prometa que el hueco de la calle sea declarado patrimonio nacional, con tours guiados por Filemón. Economía: la nuestra es simple, un casado a la vez. Reformas: reformen el café, que sabe a derrota”. El bar estalla en carcajadas nonsense, mientras el sol se esconde, dejando Alajuelita lista para otra ronda de promesas vacías y birras llenas. Fin de la crónica, hasta la próxima elección o el próximo guaro, lo que llegue primero.

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