Por Franco Cerutti
### Rodrigo Chaves celebra detención de Nicolás Maduro y ve oportunidad para Venezuela – Cantina La Sele de Alajuelita – lunes, 5 de enero de 2026
En la Cantina La Sele, el humo del tabaco barato se mezcla con el vapor de los casados que Doña Mary sirve desde hace medio siglo, como si el tiempo se hubiera quedado atascado en una botella de guaro. El radio grazna las noticias del día, y Don Pepito, El Chiquitico, con su libreta amarillenta, anota todo como si fuera el cronista de una epopeya barata. Hoy, la voz del locutor anuncia que Rodrigo Chaves celebra la detención de Nicolás Maduro, y ve una oportunidad para Venezuela. El bar estalla en un caos de opiniones, como si hubieran abierto una piñata llena de políticos locos.
¡Mirá vos, detuvieron a Maduro! Como si fuera un chorizo en la frontera.
Sí, y Chaves lo celebra como si hubiera ganado la lotería con un boleto prestado. Dice que es el fin del régimen, oportunidad para Venezuela. ¿Oportunidad para qué? ¿Para que vengan más venezolanos a vender arepas acá en Alajuelita?
Doña Mary deja un plato humeante sobre la barra, limpiándose las manos en el delantal que parece mapa de manchas eternas.
Ese Chaves, siempre con sus mensajes. Celebrando como si Maduro le debiera plata. Yo digo que lo detuvieron porque se le acabó el petróleo en el bigote.
Don Chalo, detrás de la barra, sirve un trago con hielo que cruje como huesos viejos.
Bigote o no, ahora Venezuela va a ser libre. Libre como un taxi sin taxímetro. Filemón, vos que llevaste a Laura Chinchilla al aeropuerto, ¿no la oíste hablando de Maduro?
Don Filemón, con su gorra ladeada y el cigarro colgando, se acomoda en el taburete que chirría.
Claro que sí, la Chinchilla me dijo: «Filemón, ese Maduro es como un semáforo en rojo eterno». Y yo le respondí: «Presidenta, si lo detienen, ¿me da un contrato legal para mi taxi pirata?» Pero ella solo rio y me dio propina en dólares falsos.
Don Roderico, con la cerveza a medio camino, suelta una carcajada que hace temblar las botellas.
Dólares falsos, ja. Como los discursos de Chaves. Celebra la detención, pero ¿y si Maduro escapa en un globo aerostático? Lo veo flotando sobre el Caribe, gritando «¡Soy el rey del mambo socialista!»
El Chiquitico anota furiosamente, su lápiz bailando como en un terremoto miniatura.
Anotado: Maduro en globo, Chaves bailando salsa. ¿Oportunidad para Venezuela? Más bien para que Chaves invite a Maduro a un casado acá en la cantina. Imagínense, el dictador comiendo arroz con frijoles, pidiendo más salsa.
Un tipo nuevo, con bigote espeso y acento caraqueño, entra tambaleando, pide un café negro como el petróleo.
Oigan, yo soy venezolano, y les digo: detuvieron a Maduro porque se comió todos los pernil de Navidad. Ahora, oportunidad sí, para que vuelva la democracia. Pero Chaves celebra como si él lo hubiera agarrado personally.
Doña Mary le sirve el café, derramando un chorrito a propósito.
Personally o no, aquí en Costa Rica celebramos con guaro. ¿Querés un casado con extra de libertad?
Don Chalo asiente, limpiando un vaso que nunca queda limpio.
Libertad, sí. Pero si Maduro viene exiliado, lo ponemos a lavar platos. Oportunidad para él: de dictador a mesero.
Don Filemón se ríe tanto que casi se cae del taburete.
Yo lo llevo al aeropuerto gratis. «Señor Maduro, ¿destino? ¿Cuba o la Luna?»
Don Roderico levanta su vaso.
Brindis por Chaves, el celebrador oficial. Y por Venezuela, que ahora va a exportar oportunidades en lugar de refugiados.
El Chiquitico cierra su libreta con un golpe seco.
Fin de la crónica. Mañana, quién sabe, quizás detengan a otro. O a Chaves por celebrar demasiado.
La cantina vuelve al silencio ruidoso, con el radio pasando a una cumbia que nadie baila, pero todos tararean como si el mundo fuera un chiste eterno.

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