Por Franco Cerutti

### Nayib Bukele visitará Costa Rica para inaugurar la megacárcel de Rodrigo Chaves — Cantina La Sele, Alajuelita — miércoles, 8 de enero de 2026

En la Cantina La Sele el ventilador gira como siempre, sin decidir si refresca o solo mueve el humo de los recuerdos. La noticia cae en la mesa como una piedra que no cabe en el bolsillo.

—Mirá vos, don Chalo, ahora resulta que Bukele viene a poner la primera piedra de la megacárcel esa que Chaves quiere hacer pa’ meter a medio mundo.

—Primera piedra… ¿y la segunda quién la pone? ¿El Diablo con guantes de jardinero?

Doña Mary deja el plato de casado a medio servir y se cruza de brazos como si la noticia le debiera cincuenta años de propina.

—Ay, si a mí me meten en esa cárcel por servir gallo pinto con demasiada cebolla, yo digo que me declaren presa política. Total, aquí la política ya es puro gallo.

Don Roderico, que lleva tres Imperiales hablando solo, levanta la botella como brindis.

—Imaginate: Bukele llega con su celular, saca foto al terreno vacío y dice «listo, ya está la cárcel». Y Chaves aplaudiendo como foca en circo de circo. ¿Y la plata? ¿De dónde sale la plata pa’ tanta reja?

—El Chiquitico, que está anotando todo en su libreta con lapicero mordido, suspira como cronista que ya vio el final de la película.

—Según el periódico, es pa’ cinco mil presos. Cinco mil. Eso es más gente que la que viene a misa del domingo en Alajuelita. ¿Y si se les escapa uno? ¿Lo mandan de vuelta con una nota de Bukele que dice «devuélvanlo, se me perdió»?

Don Filemón entra con el taxi todavía oliendo a aeropuerto, se sacude el polvo y se sienta sin pedir permiso.

—Fíjense que yo una vez llevé a Laura Chinchilla al aeropuerto y me dijo «Filemón, algún día vamos a tener una cárcel como la de Singapur». Pues miren, ahora la tenemos como la de Bukele. Progreso, ¿no?

—Progreso… —repite don Pepito, el cronista oficial, mientras dibuja una reja en la servilleta—. Progreso es cuando meten a los ladrones y salen los políticos por la puerta de atrás. Acá van a construir una cárcel tan grande que van a tener que meter presos a los que roban chicles pa’ justificar el presupuesto.

Doña Mary sirve otro casado sin que nadie lo pida.

—Y si Bukele pone la primera piedra, ¿quién pone la última? ¿Chaves con una pala de oro? O mejor, que la pongan ellos dos adentro y se queden a vigilar que no se escape nadie. Sería la cárcel más segura del mundo: los presos adentro y los presidentes también.

El ventilador sigue girando. Nadie se ríe fuerte, solo ese ruido de risa contenida que hacen los que ya saben que mañana la noticia será otra piedra, y otra, hasta que la cantina quede enterrada bajo tanto cemento.

Don Chalo apaga la radio.

—Total, si nos meten a todos, al menos aquí en La Sele seguimos sirviendo casado. Aunque sea con rejas. Y con cebolla de más, pa’ que duela.