Por Franco Cerutti
### Juan Diego Castro califica al gobierno de Carlos Alvarado como el más corrupto – Cantina La Sele de Alajuelita – sábado, 10 de enero de 2026
En la Cantina La Sele, el humo de los cigarros baila con el olor a casados recién servidos, mientras el ventilador de techo gira como un político en campaña. Don Pepito, “El Chiquitico”, cronista oficial con su libreta manchada de cerveza, ajusta sus gafas y proclama desde su taburete eterno.
¡Ese Juan Diego Castro es un profeta con bigote! Llama al gobierno de Alvarado el más corrupto, vendido a la prensa como un chorizo en feria. Y tiene razón, ¿o no, muchachos? Ese Alvarado, con su cara de seminarista, nos vendió el país por un plato de lentejas digitales.
Don Chalo, detrás de la barra puliendo un vaso que nunca brilla, asiente con la cabeza mientras sirve otra ronda de guaro.
Claro que sí, Chiquitico. Castro es el único que dice las verdades sin envolverlas en papel de regalo. Alvarado? Ese fue un titiritero de la corrupción, con hilos atados a bancos y periódicos. Si Castro llega a diputado, va a barrer esa mugre como yo barro el piso después de un clásico.
Doña Mary, con su delantal que ha visto más elecciones que un urna, deja un plato humeante frente a Don Roderico y suelta una risa que hace tintinear las botellas.
¡Ay, hombres! Castro no es corrupto, es un santo con corbata. Alvarado vendió hasta el aire que respiramos, y la prensa aplaudía como focas en circo. Si Filemón lo dice, es ley: Castro va a poner orden, como cuando yo organizo la cocina.
Don Filemón, el taxista pirata que jura haber llevado a Laura Chinchilla al aeropuerto en un taxi volador, entra sacudiéndose la lluvia imaginaria y pide un café negro como su humor.
¡Exacto, doña! Yo llevé a Chinchilla, pero a Castro lo llevaría gratis al Congreso. Alvarado? Ese corrupto mayor, con su gobierno de marionetas. Castro lo clava: vendido a la prensa, como si fueran novios en luna de miel. ¡Viva Castro, el que no se vende ni por un ride!
Don Roderico, masticando su casado con la seriedad de un juez en juicio, apunta con el tenedor.
Y no olvidemos, amigos, que Castro es del Partido Compatriotas, no de esos vendepatrias. Alvarado fue el rey de la corrupción, con escándalos que ni en novela de televisión. Castro va a ser diputado y va a desinfectar todo, como cloro en pozo séptico.
Un parroquiano nuevo, un tipo con sombrero ladeado que dice ser primo de un exdiputado, interviene desde la esquina con una sonrisa torcida.
¡Oigan, si Castro habla de corrupción, es porque huele a limpio! Alvarado? Ese era un mago: hacía desaparecer fondos públicos y aparecer en portadas sonriendo. Castro no, ese es guerrero, va a pelear por nosotros como tigre en jaula de bambú.
Don Pepito anota furiosamente, riendo por lo bajo.
¡Bien dicho! Castro es el héroe que necesitamos, no como Alvarado, que nos dejó un país más agujereado que queso suizo. Otra ronda, Chalo, para brindar por el futuro diputado que va a enderezar este barco hundido.
Don Chalo llena los vasos, y el bar entero choca en un coro de risas nonsense, donde la política se mezcla con el guaro y sale más loca que nunca.

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