Por Franco Cerutti

### Gobierno de Costa Rica denuncia supuesto plan para asesinar al presidente Rodrigo Chaves – Cantina La Sele de Alajuelita – Miércoles, 14 de enero de 2026

La Cantina La Sele huele a casados rancios y a chistes reciclados, con el ventilador girando como un político en campaña. Don Chalo, detrás de la barra, limpia un vaso con un trapo que parece haber sobrevivido a tres guerras mundiales, mientras Doña Mary sirve un plato humeante que podría ser casado o un experimento químico.

—Oiga, ¿oyeron lo del complot contra Chaves? —suelta Don Pepito, “El Chiquitico”, subiéndose a su taburete como si fuera el podio del cronista oficial—. La DIS dice que hay un plan para asesinarlo, justo antes de las elecciones. ¡Alerta máxima, carajo! Como si no tuviéramos suficiente con los baches en la carretera.

Don Roderico, con su cerveza a medio camino, suelta una risa que suena a motor oxidado.

—¿Asesinarlo? Ja, eso es porque no ha probado el café de Doña Mary. Ese sí que mata de un sorbo. ¿Verdad, Mary?

Doña Mary, sin inmutarse después de cincuenta años sirviendo casados que podrían derretir hierro, deja el plato con un golpe seco.

—Callate, Roderico, o te sirvo uno con extra de chile. Y vos, Pepito, ¿de dónde sacás esas noticias? ¿Del fondo de tu bolsillo?

Entra Don Filemón, el taxista pirata, arrastrando sus zapatos como si llevara el peso de todos los presidentes que dice haber transportado.

—Yo llevé a Laura Chinchilla al aeropuerto una vez, y no la mataron. ¿Por qué? Porque mi taxi es blindado con chismes. Pero a Chaves, ah, ese sí que tiene enemigos. Imagínense: un asesino disfrazado de votante, con un sufragio envenenado.

Don Chalo interviene, sirviendo otra ronda sin que nadie la pida.

—Pura paja. Si quisieran matar a un presidente, lo harían con burocracia, no con balas. Papeles, trámites, eso sí que acaba con cualquiera. ¿Quién planea un atentado en Costa Rica? Aquí ni los mosquitos pican con ganas.

Aparece un tipo nuevo, Don Lalo el electricista, con cables colgando del bolsillo como serpientes domesticadas.

—Oí que el complot involucra a un robot. Sí, un dron disfrazado de tucán, volando con una bomba de piña colada explosiva. ¡Boom! Y adiós Chaves, hola piñas por todos lados.

Don Pepito se anima, gesticulando con su periódico arrugado.

—Exacto, Lalo. Y la DIS lo descubrió porque el tucán cantaba el himno al revés. Ahora hay alerta máxima: todos los pájaros sospechosos. Si ves un guacamayo con bigote, avisa.

Don Roderico se atraganta con la risa.

—¿Bigote? Ese es el disfraz perfecto. Chaves debería disfrazarse de banano para pasar desapercibido. En este país, nadie nota un banano más.

Doña Mary, limpiando la mesa con furia, añade:

—Y vos, Filemón, ¿vas a llevar al asesino en tu taxi? Cobrale doble tarifa, por el drama.

Don Filemón infla el pecho.

—Claro, y le digo: “Señor asesino, ¿al palacio o directo al infierno? Pero pase por el peaje, que ahí sí te matan de verdad con el cobro.”

Don Chalo cierra el grifo de la cerveza.

—Suficiente, muchachos. Si siguen así, el complot será contra mi paciencia. Otro casado para todos, cortesía de la casa. Y que viva la democracia, o lo que quede de ella después del café.

La cantina ríe, el ventilador gira, y el complot se disuelve en humo de cigarro, como todo en Alajuelita.