Por Franco Cerutti
### Costa Rica acude sin entusiasmo a una elección marcada por el desencanto y la amenaza autoritaria – desde la Cantina La Sele de Alajuelita – viernes, 23 de enero de 2026
En la Cantina La Sele, el ventilador gira como si estuviera buscando trabajo en otro lado. Don Chalo limpia el mismo vaso desde las seis de la mañana, Doña Mary fríe casados que ya saben a resignación electoral y el aire huele a Imperial tibia y a promesas recicladas.
—Otra vez con lo mismo, ¿eh? Laura Fernández al cuarenta por ciento y el país entero bostezando como si le hubieran contado el mismo chiste desde 1948.
Don Pepito, “El Chiquitico”, cronista oficial con libreta que parece haber sobrevivido a tres guerras civiles, levanta la ceja sin dejar de masticar su gallo pinto.
—El desencanto es nacional, muchachos. Dicen que la gente va a votar sin entusiasmo, como quien va al dentista porque ya le duele la muela.
Don Roderico, con la camisa abierta hasta el ombligo y una cerveza que parece su única amiga fiel, suelta una carcajada que suena a trueno lejano.
—Desencanto dice el periódico. ¡Ja! Aquí el desencanto es cuando te sirven el casado sin huevo y encima te cobran el huevo. Lo de ahora es que el oficialismo va a ganar con mayoría en la Asamblea y van a reformar todo. Hasta la Constitución, dicen. Para que Chaves vuelva de ministro vitalicio o algo así.
Doña Mary, sin voltear de la plancha, lanza un comentario como quien tira un frijol al aire.
—Amenaza autoritaria. Bonito nombre para cuando el que manda te dice: “Cállese y aplauda”. Yo llevo cincuenta años sirviendo casados y nunca vi que un gobierno necesitara amenazar para que la gente vote. La gente vota porque ya no sabe qué más hacer.
Don Filemón, el taxista pirata que jura que una vez llevó a Laura Chinchilla al aeropuerto (y que Chinchilla le dejó una propina de pura cortesía), entra sacudiéndose el polvo imaginario de la ruta.
—Acabo de dejar a un tipo que iba a votar por la oposición. Le dije: “Mire, compa, si Laura Fernández gana en primera vuelta, con cuarenta diputados van a cambiar hasta el himno nacional. Lo van a poner en reggaetón para que suene más popular”. El pobre se bajó en la esquina y se fue caminando. Creo que se le olvidó pagar.
Don Pepito anota algo en su libreta con la seriedad de quien escribe la historia universal del aburrimiento.
—El periódico dice baja efervescencia ciudadana. Efervescencia. Palabra bonita para decir que nadie quiere ir a las urnas ni aunque le regalen un casado gratis. Denuncias de intimidación por todos lados. Unos dicen que los chavistas amenazan a los de la oposición. Otros que la oposición inventa cuentos para que no parezca que perdieron antes de empezar.
Don Roderico se rasca la barriga como si ahí estuviera guardada la solución al problema nacional.
—Y los indecisos, treinta y dos por ciento. Eso es lo que falta: un montón de gente que no sabe si votar por Laura, por el otro, o por abstenerse para no darle gusto a nadie. Yo digo que deberíamos votar por el que prometa cerrar la cantina menos temprano. Ese sí sería un cambio revolucionario.
Doña Mary pone un plato humeante frente a Don Filemón sin que él lo haya pedido.
—Coma, Filemón, que con tanta política se le va a olvidar el hambre. Y vote por quien quiera, pero no venga después a decir que el casado está frío porque el gobierno ganó.
Don Chalo, por fin deja el vaso en paz y suspira como si el suspiro pesara quince kilos.
—Total, el uno de febrero abren las urnas y el país entero va a hacer lo de siempre: votar, comer casado después y quejarse el lunes siguiente. Lo mismo de siempre, pero con más diputados oficialistas. Y aquí seguiremos, sirviendo Imperial y esperando que el ventilador algún día gire para el otro lado.
Don Pepito cierra la libreta con un golpe seco.
—Crónica terminada: Costa Rica va sin entusiasmo a una elección que ya sabe cómo termina. Como un casado sin picante: te llena, pero no te emociona.
El ventilador sigue girando, indeciso, como el treinta y dos por ciento que aún no sabe qué hacer con su voto. Y en la Cantina La Sele, el desencanto sabe a Imperial tibia y a casado recalentado.

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