Por Franco Cerutti

### Acusación de acoso sexual en debate presidencial – Cantina La Sele, Alajuelita – martes, 27 de enero de 2026

En la Cantina La Sele el ventilador gira como si estuviera buscando voto en segunda ronda, pero solo encuentra moscas y el olor a casado recalentado. Don Pepito, el cronista oficial, llega con el periódico doblado bajo el brazo como si fuera la Constitución.

—Muchachos, escuchen esto: Laura Fernández le dijo a Fabricio Alvarado en el debate de anoche que la arrinconó en una oficina con la excusa de regalarle una biblia. ¡Una biblia! Imagínense, el hombre le ofrece salvación eterna y ella lo denuncia por acoso.

Don Chalo deja la bandeja de Imperiales en la mesa y se limpia las manos en el delantal.

—Biblia… claro, y yo le regalé a Doña Mary un misal para que me perdonara el atraso en el alquiler del local. Resultado: cincuenta años de casados y todavía me mira como si le hubiera prometido el paraíso y le diera solo gallo pinto.

Doña Mary sale de la cocina con un cucharón en la mano.

—Chalo, si te prometí el paraíso fue porque no conocía todavía el infierno de lavar platos tuyos. Pero volviendo al tema: ¿qué clase de acoso es ese? ¿Le puso la mano en el hombro mientras le explicaba el Apocalipsis? Porque si es así, la mitad de los pastores del país estarían presos.

Don Roderico, que estaba callado sorbiendo su guaro, levanta la vista.

—Biblia… ja. En mis tiempos el acoso era cuando te decían “vení, te invito un fresco” y terminabas pagando la cuenta. Ahora todo es arrinconar con promesas celestiales. Fabricio debe haberle dicho: “Lee Proverbios 31, mujer virtuosa, y de paso acercate un poquito más”.

Don Filemón entra empujando la puerta con el hombro, como si el taxi pirata le hubiera declarado la guerra.

—Acabo de dejar a un primo de Laura Fernández en el aeropuerto. Me contó que ella dijo lo de la biblia porque Fabricio le ofreció también un marcador fluorescente para resaltar versículos. ¡Marcador! Eso ya es lujo, muchachos. En mi taxi lo máximo que ofrezco es un chicle de canela vencido.

Don Pepito sacude el periódico.

—Y Fabricio respondió que era una bajeza, una campaña sucia. Dice que su familia sabe quién es él. Claro, la familia siempre sabe: el primo que roba gallinas, el tío que predica borracho… pero en el debate todos se vuelven santos. Laura: “Me arrinconó”. Fabricio: “Dios libre a Costa Rica de vos”. Parece más pleito de vecinos que debate presidencial.

Doña Mary sirve otro plato de casado y lo clava en la mesa.

—Dios libre a Costa Rica de los dos. Uno con biblias y la otra con acusaciones que suenan a revancha de 2018. ¿Saben qué? Si me arrinconaran a mí con una biblia, le diría: “Lea Éxodo 20, no codiciarás la presidencia ajena”. Y le daría con el cucharón en la cabeza.

Don Chalo se ríe y abre otra cerveza.

—Total, que el debate fue como pelea de gallos: mucho pico, pocas plumas. Y aquí seguimos nosotros, discutiendo acoso con biblia mientras el país elige entre salvación eterna o gallo pinto eterno. ¿Otro casado, muchachos?

Don Roderico levanta el vaso.

—Otro casado. Y que gane el que traiga la biblia más gorda. O la que la use menos para golpear.

El ventilador sigue girando, las moscas aplauden con las alas y en la Cantina La Sele la política se cocina a fuego lento, con mucho chile y cero arrepentimiento.