Por Franco Cerutti
### Elecciones presidenciales y legislativas en Costa Rica inician con alta participación esperada – Cantina La Sele de Alajuelita – Domingo, 1 de febrero de 2026
Don Pepito, El Chiquitico, entra tambaleándose a la cantina con un periódico arrugado bajo el brazo, como si fuera un mapa del tesoro perdido. Se acomoda en su banquito de siempre, el que cruje como un volcán en miniatura, y empieza a declamar con voz de profeta de barrio.
¡Hoy es el día, compas! Más de tres millones setecientos mil ticos listos para votar, como si fuéramos a elegir al rey de las piñas. El padrón creció un cuatro por ciento desde el dos mil veintidós, y a las seis de la mañana ya abrieron las urnas. ¿Victoria en primera ronda o balotaje en abril? ¡Ja! Como si el país no tuviera suficiente drama con el café frío.
Don Chalo, detrás de la barra, limpia un vaso que parece eterno, y suelta sin mirar.
¿Y qué? Yo voto por el que prometa cerveza gratis los domingos. Tres punto siete millones, dice. ¿Incluyen a los perros? Porque mi Chispita ladra cada vez que ve un político en la tele.
Doña Mary, sirviendo un casado que huele a gloria eterna después de cincuenta años de práctica, interviene con su cuchara en alto.
¡Ay, Chalo, no seas bruto! Esos millones son gente de verdad, no tus amigos imaginarios. Y el balotaje, eso es como cuando cocino arroz y sale pegado: hay que repetir la receta en abril. Filemón, ¿vos ya votaste o seguís contando la vez que llevaste a Laura Chinchilla al aeropuerto?
Don Filemón, el taxista pirata, que está aparcado en una esquina con su café negro como su taxi ilegal, levanta la vista de su teléfono, donde seguro busca carreras fantasma.
¡Claro que voté! A las seis en punto, antes de que el sol saliera a espiar. Llevé a Chinchilla una vez, ¿sabés? Ella me dijo: «Filemón, este país necesita ruedas nuevas». Y hoy, con tantos votantes, las calles van a estar como mi taxi: llenas de baches y promesas vacías. ¿Alta participación? Ja, participación alta es cuando todos piden otra ronda aquí.
Don Roderico, el cliente fijo que parece pegado al taburete como musgo en roca, tose y agrega con su voz de radio antigua.
Yo digo que con cincuenta y siete diputados nuevos, el Congreso va a ser un circo. Elefantes, payasos, y uno que otro león domado. ¿Creció el padrón? Seguro incluyeron a los fantasmas de Alajuelita. Mi abuelo votó en el treinta y dos, y apuesto que hoy revive para marcar la papeleta.
Un tipo nuevo, con sombrero ladeado y bigote torcido, que nadie sabe de dónde salió pero pide un guaro doble, se mete en la charla.
¡Fantasmas! Eso explica todo. Yo vi una fila en la urna de mi barrio: gente transparente esperando turno. Y el TSE dice que define hoy o en abril. ¿Abril? Para entonces ya habremos olvidado quién es presidente. Mejor voten por mí: prometo piñatas en cada elección.
Don Pepito ríe como un gallo desafinado y apunta con su dedo índice, que parece un lápiz gastado.
¡Escuchad, sabios de la cantina! Alta participación significa que hasta los mosquitos van a votar. Tres punto siete millones: eso es más gente que granos en un elote gigante. Si no gana en primera, balotaje. Como un partido de fútbol que va a penales porque nadie metió gol.
Doña Mary deja el plato con estrépito y cruza los brazos.
¿Fútbol? Esto es peor: es como casarse dos veces con el mismo error. Chalo, serví otro casado, que con tanta política me da hambre de realidad.
Don Chalo asiente, vertiendo cerveza como si fuera elixir.
Realidad, dice ella. La realidad es que mañana seguiremos aquí, votados o no, esperando que el próximo presidente no nos suba el precio del guaro.
Don Filemón brinda con su taza vacía.
¡Por el balotaje eterno! Y por Chinchilla, que al menos pagó la carrera.
Don Roderico suspira, mirando al techo agrietado.
Y por los diputados: que no sean cincuenta y siete problemas nuevos.
El tipo del sombrero torcido eructa y propone.
¿Y si votamos por la cantina? La Sele presidente, Alajuelita capital.
Todos ríen, y Don Pepito anota en su libreta invisible: otra crónica para el olvido glorioso.

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