Por Franco Cerutti

### Amenaza a presidenta electa Laura Fernández – Cantina La Sele de Alajuelita – viernes, 6 de febrero de 2026

En la Cantina La Sele, el humo de los cigarros baratos se mezcla con el aroma de los casados que Doña Mary sirve desde hace medio siglo, como si el tiempo se hubiera atascado en una botella de guaro. Don Pepito, El Chiquitico, entra tambaleándose con un periódico arrugado bajo el brazo, como si llevara el mapa del tesoro perdido de Alajuelita. Se acomoda en su taburete de siempre, el que cruje como un viejo contando chistes.

¡Miren esto, compas! La presidenta electa, Laura Fernández, amenazada por una mujer que le decomisaron cachivaches. Y ella va y se presenta en la Fiscalía de Cartago, como si fuera a comprar chicharrones.

Don Chalo, detrás de la barra, limpia un vaso con un trapo que parece haber visto más guerras que él mismo.

¿Amenazada? ¿Con qué, con un paraguas roto o con una bolsa de chucherías? En mis tiempos, las amenazas venían con machetes, no con items decomisados. ¿Qué son items? ¿Juguetes de niños?

Ríe Don Roderico, sorbiendo su cerveza tibia, la que siempre pide porque dice que el frío le da reuma en el hígado.

Items, dice el periódico. Seguro son cosas de brujería, como esas muñecas vudú que venden en el mercado. Imagínense, la presidenta pinchada con alfileres invisibles. ¡Ja! O tal vez eran bombones envenenados, pero en vez de veneno, tenían chile picante.

Doña Mary deja un plato de casado humeante frente a Don Filemón, que está contando por enésima vez cómo llevó a Laura Chinchilla al aeropuerto en su taxi pirata, aunque todos saben que era un carrito de golf robado.

Yo la llevé una vez, a Chinchilla, no a Fernández. Pero si esta nueva presidenta necesita un chofer de confianza, aquí estoy. ¿Amenaza? Pura bulla. En Cartago, la Fiscalía es como un baile de máscaras, todos fingiendo ser importantes.

Entra Don Tito, el verdulero del barrio, con una caja de mangos maduros que nadie pidió, pero que termina vendiendo por pena.

¿Mangos para la amenaza? No, pero oí en la radio que la mujer investigada tenía un arsenal de plátanos y yucas. ¡Decomisados! Como si fueran armas nucleares. La presidenta va a la Fiscalía a declarar: «Me amenazaron con una ensalada».

Don Pepito golpea la mesa, haciendo saltar las fichas de dominó que nadie juega.

¡Exacto! Imagínense la escena: Laura Fernández entra, toda elegante, y el fiscal le pregunta: «¿Qué items la amenazan, doña?» Y ella: «Un sombrero viejo y un par de zapatos rotos». La mujer investigada debe ser una bruja de feria, de esas que tiran maldiciones con confeti.

Don Chalo sirve otra ronda, guiñando un ojo.

En Alajuelita, las amenazas son de verdad: como cuando el gallo de Doña Mary picotea a los borrachos. Eso sí es decomiso: te quita el orgullo y te deja plumas en la boca.

Ríe Doña Mary, secándose las manos en el delantal eterno.

Mi gallo es más presidente que cualquiera. Si Fernández quiere seguridad, que venga aquí. Le sirvo un casado y se olvida de las fiscalías. ¿Items? Mejor decomisar las deudas del bar.

Don Filemón asiente, masticando su arroz con frijoles.

Yo la llevo gratis a Cartago, pero en vez de taxi, usamos un burro disfrazado de limusina. ¡Amenaza resuelta! La mujer investigada se rinde ante el trote.

Don Roderico levanta su vaso.

Brindemos por las presidentas que van a fiscalías como quien va al supermercado. ¡Y por los items misteriosos que hacen noticias!

La cantina estalla en risas, mientras el sol de Alajuelita se filtra por las ventanas polvorientas, como si el día entero fuera una broma compartida.