Por Franco Cerutti

Una Experiencia Frustrante en el BAC de Escazú La Paco: ¿Para Qué Sirven las Citas en Línea?

En un mundo cada vez más digitalizado, donde los bancos prometen eficiencia y comodidad a través de sus plataformas en línea, uno esperaría que herramientas como las citas virtuales realmente simplifiquen la vida de los clientes. Sin embargo, mi visita ayer al BAC San José en la sucursal de Escazú La Paco me dejó con más preguntas que respuestas. Lo que debería haber sido un proceso ágil se convirtió en una lección sobre promesas incumplidas y tiempo perdido. A continuación, relato mi experiencia para destacar un problema que, sospecho, no soy el único en enfrentar.

Todo comenzó en la mañana de ayer, 9 de marzo de 2026. Como muchos clientes ocupados, opté por utilizar el sitio web del BAC para programar una cita. El proceso en línea es sencillo: seleccionas la sucursal, el horario disponible y confirmas. En mi caso, elegí las 3:00 p.m., y el sistema me obligó a «comprometerme» a llegar puntual y presentarme en la sucursal. Imprimí el comprobante de la cita, convencido de que esto me ahorraría las temidas filas tradicionales, esas que se manejan con fichas numeradas al llegar al banco.

Llegué a la sucursal con 15 minutos de antelación, a las 2:45 p.m., listo para ser atendido de manera prioritaria. Sin embargo, la realidad fue distinta. Primero, tuve que hacer una fila inicial solo para explicar que tenía una cita digital y mostrar el papel impreso. ¿No era el propósito de la cita en línea eliminar precisamente estas filas? Después de esperar en esa cola, me entregaron una ficha con un número y me invitaron a sentarme en unos sillones cómodos –lo admito, al menos eso fue un detalle positivo– para esperar mi turno.

El tiempo pasó. Las 3:00 p.m. llegaron y se fueron, y seguí esperando. Finalmente, me llamaron a las 3:40 p.m., con un retraso de 40 minutos. Una vez en el mostrador, la atención fue impecable: la señorita que me atendió fue muy gentil y profesional, resolviendo mi trámite de manera eficiente. Pero el daño ya estaba hecho. ¿De qué sirve sacar una cita por internet si terminas en la misma dinámica de filas y esperas que el sistema promete evitar?

Esta experiencia plantea varias interrogantes válidas sobre el servicio del BAC. ¿La cita en línea no debería ser un «valor agregado» real, diseñado para ahorrar tiempo y eliminar colas innecesarias? En lugar de eso, parece un paso adicional que solo complica las cosas: gastas tiempo en programarla, te comprometes a ser puntual, pero el banco no cumple con su parte. Si exigen puntualidad a los clientes, ¿por qué no aplican el mismo estándar a sus operaciones? ¿Es solo una ilusión de modernidad, o hay un fallo en la implementación que deja a los clientes frustrados?

Estimados señores del BAC San José: si ofrecen un servicio que se promociona como eficiente y prioritario, deben entregarlo de verdad, no solo prometerlo en su sitio web. En un país como Costa Rica, donde el tiempo es valioso para todos, experiencias como esta erosionan la confianza en las instituciones financieras. Ojalá mi relato sirva como llamada de atención para mejorar el sistema de citas digitales, asegurando que realmente beneficie a los clientes y no los haga cuestionar si vale la pena el esfuerzo.

Si has tenido una experiencia similar, comparte en los comentarios o en redes sociales. Tal vez, colectivamente, podamos impulsar un cambio hacia un servicio bancario más ágil y confiable.