Por Franco Cerutti
### Fabricio Alvarado sale del país un día antes de perder inmunidad – Cantina La Sele de Alajuelita — viernes, 1 de mayo de 2026.
En la Cantina La Sele de Alajuelita el ventilador giraba como si intentara huir del país él también, y el olor a casado recalentado flotaba más denso que las promesas electorales.
Don Chalo secaba un vaso que ya estaba más seco que el discurso de un diputado en campaña.
Y entonces llega Don Pepito, el Chiquitico, con el periódico doblado bajo el brazo como si trajera la fórmula de la paz mundial.
Fabricio se fue ayer, muchachos, a Argentina o a Marte, quién sabe, justo antes de que le caduque la inmunidad como leche olvidada en la nevera.
Don Roderico soltó una carcajada que sonó a gallo con hipo.
¿A Argentina? Allá por lo menos los chorizos son honestos, aquí hasta los chorizos tienen fuero.
Doña Mary, que lleva cincuenta años sirviendo casados sin que nadie le haya dado las gracias, plantó una cerveza en la mesa sin preguntar.
Ese muchacho siempre fue muy viajero, dijo ella, el otro día me contó que iba a comprar empanadas en Liberia y terminó en Panamá.
Don Filemón, el taxista pirata que jura que llevó a Laura Chinchilla al aeropuerto en el 2014 y que desde entonces cobra tarifa presidencial, levantó la mano desde la esquina.
Yo lo hubiera llevado gratis, pero con tal de que no me pagara con promesas de Nueva República.
Don Pepito desplegó el periódico como si fuera el mapa del tesoro.
Dice aquí que su abogado jura que es viaje de trabajo. Trabajo de qué, pregunto yo, ¿de probar si la inmunidad funciona mejor en otro huso horario?
Don Chalo soltó una risotada que hizo temblar las botellas.
Mirá, si yo salgo del país cada vez que me van a cobrar la cuenta, ya estaría viviendo en la Luna con los chinos.
Doña Mary limpiaba la barra con un trapo que había visto más batallas que un soldado de plomo.
Lo grave es que la Marulin Azofeifa anda contando cosas que ni en telenovela venezolana se atreven. Y el tipo se va justo cuando le quitan el escudo invisible.
Don Roderico pidió otra Imperial.
Eso es como cuando uno juega fútbol y al minuto 89 se da cuenta que el árbitro es cuñado del rival y decide que tiene una emergencia en Liberia.
Don Filemón intervino con la seriedad de un filósofo borracho.
Yo una vez llevé a un tipo que decía ser ministro. Me pagó con un cheque de la Asamblea. Todavía lo tengo colgado en el taxi, me sirve de recordatorio de que en este país hasta el papel higiénico tiene inmunidad si lo firma el que corresponde.
Don Pepito se subió al banquito como si fuera tribuna.
Y ahora resulta que el viaje es personal. Personalísimo. Tan personal que ni él mismo sabe cuándo vuelve. Dicen que el 8 de mayo. El mismo día que Laura Fernández se pone la banda. Coincidencia, claro. Como que llueva en mayo.
Doña Mary sirvió rondas sin que nadie pidiera.
En este país, muchachos, la inmunidad se pierde más fácil que las llaves de la casa después de un viernes. Pero algunos la cambian por pasaje aéreo.
Don Chalo levantó su vaso.
Brindemos entonces. Por los que se van antes de que les pregunten. Por los que se quedan y pagan la cuenta. Y por la Cantina La Sele, que nunca ha tenido inmunidad y aun así sobrevive.
Todos chocaron vasos. Afuera, en Alajuelita, seguía lloviendo. Adentro, la conversación ya había pasado a discutir si los casados de Doña Mary tenían más futuro que la política costarricense.
Y en eso, nadie se puso de acuerdo. Como siempre.

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