Por Franco Cerutti

### San José registra la temperatura más baja en más de 30 años – Cantina La Sele, Alajuelita – martes, 3 de febrero de 2026

En la Cantina La Sele, el vapor del café se elevaba como humo de chimenea en miniatura, mientras el viento helado se colaba por las rendijas de la puerta como un ladrón torpe. Don Chalo, detrás de la barra, frotaba un vaso con un trapo que parecía haber sobrevivido a tres guerras, y soltó un gruñido.

«¡Qué frío, carajo! Esto no es Costa Rica, esto es el polo sur disfrazado de trópico.»

Doña Mary, sirviendo un casado que humeaba como si estuviera enojado, dejó el plato con un golpe seco y replicó mientras se ajustaba el delantal que llevaba desde la época de los dinosaurios.

«Frío dice usted, don Chalo. Yo me acuerdo de cuando el volcán Poás escupía lava y ahora parece que escupe helado. ¿Y el IMN? Esos del Instituto Meteorológico Nacional deben estar bailando con pingüinos.»

Don Pepito, «El Chiquitico», sentado en su esquina habitual con un cuaderno lleno de garabatos que él llamaba crónicas, levantó la vista de su café y soltó una risita que sonaba como una lata rodando por una cuesta.

«¡Pingüinos en San José! Imagínense, doña Mary, un pingüino pidiendo un gallo pinto en la soda de la esquina. ‘Oiga, ¿me lo sirve con hielo?’ Y el sodero le dice: ‘¿Más hielo? ¡Si ya estamos en la era glacial!’ Esto es noticia de las grandes, amigos. Temperatura más baja en treinta años. ¿Saben qué? Yo creo que es culpa de los políticos. Tanto aire caliente que sueltan en las elecciones, y ahora el clima se vengó con un soplo frío.»

Don Roderico, acodado en la barra con una cerveza que parecía congelada en su mano, sacudió la cabeza y murmuró con esa voz ronca que parecía salida de un motor viejo.

«Política nada, don Pepito. Esto es obra de los extraterrestres. Vinieron en su nave, abrieron la nevera y se les escapó el frío. ¿No vieron las noticias? Frente frío, dicen. ¿Frente? ¡Ja! Es la cara de mi suegra cuando le pido prestado.»

La puerta se abrió con un chirrido, dejando entrar una ráfaga que hizo volar servilletas como pájaros locos, y entró don Filemón, el taxista pirata, con su chaqueta raída y una historia siempre lista. Se sacudió como un perro mojado y se sentó de golpe.

«¡Ay, muchachos! Acabo de dejar a una clienta en el aeropuerto. ¿Saben quién? Laura Chinchilla otra vez, pero esta vez iba envuelta en tres bufandas. Me dice: ‘Filemón, acelere que me congelo.’ Y yo le respondo: ‘Señora presidenta, si esto es San José, no Siberia.’ Pero les juro, el termómetro de mi taxi marcaba cero. Cero, como mis deudas pagadas.»

Un tipo nuevo en la cantina, un agricultor de bigote torcido llamado don Lalo que venía de las afueras, sorbió su sopa y intervino con los ojos muy abiertos.

«¿Cero? En mis cafetales, las plantas están tiritando. Una hoja me dijo: ‘Don Lalo, ¿dónde está el sol?’ Y yo le contesté: ‘Se fue de vacaciones a Panamá.’ Si sigue así, vamos a cosechar café helado. ¡Café frappé directo del árbol!»

Doña Mary soltó una carcajada que hizo tintinear los vasos, y sirvió otro casado a don Roderico, que ya parecía una estatua de hielo.

«¿Café helado? Mejor que el casado congelado que les sirvo si no pagan. Pero en serio, ¿y si esto es el fin? El IMN dice récord en más de treinta años. Treinta años atrás, yo era joven y el clima era normal. Ahora, hasta los mosquitos usan abrigos.»

Don Chalo, limpiando la barra con más fuerza, como si quisiera calentarla con fricción, agregó con un guiño.

«Mosquitos con abrigos, dice. Yo vi uno pidiendo una cerveza caliente. ‘Oiga, don Chalo, ¿tiene stout tibia?’ Y yo: ‘Aquí todo está tibio menos el ambiente.’ Pero miren, si el frío sigue, convertimos la cantina en pista de patinaje. Cobramos entrada y vendemos chocolate caliente.»

Don Pepito garabateó algo en su cuaderno y levantó su taza como en un brindis.

«¡Pista de patinaje en Alajuelita! Eso sí sería crónica. ‘San José se congela y la Sele se desliza.’ Pero no se preocupen, amigos. Mañana sale el sol y volvemos a sudar como de costumbre. O tal vez no. Tal vez amanezcamos con osos polares en la plaza.»

Todos rieron, y el frío pareció un poco menos frío, mientras afuera el viento aullaba como un lobo con resfrío.