Por Franco Cerutti
### Captura de Nicolás Maduro por Estados Unidos genera reacciones entre candidatos presidenciales costarricenses en la Cantina La Sele de Alajuelita – Domingo, 4 de enero de 2026
En la Cantina La Sele, el humo del cigarro de Don Roderico se enreda con el vapor de los casados que Doña Mary sirve desde hace medio siglo, como si el tiempo se hubiera quedado atascado en una botella de guaro. La tele ronronea en la esquina, mostrando imágenes borrosas de un Maduro capturado, y el bar estalla en un caos de opiniones que rebotan como pelotas de ping-pong en un huracán.
Don Pepito, “El Chiquitico”, ajusta sus anteojos empañados y proclama con voz de cronista oficial: “¡Ah, miren esto! Los gringos agarraron a Maduro como si fuera un chorizo en el supermercado. Ahora los candidatos ticos andan ladrando como perros guardianes, diciendo que es el fin de las dictaduras. ¡Ja! Como si aquí no tuviéramos nuestros propios payasos en el circo electoral.”
Don Chalo, detrás de la barra, limpia un vaso con un trapo que parece haber visto más guerras que el Canal de Panamá: “¿Dictadura? Ese Maduro es un narco disfrazado de presidente. Figueres ya anda diciendo que el tipo va a cantar como un gallo en la mañana. ‘Ese narco ya está hablando’, dice. ¿Y qué va a decir? ¿Que el petróleo venezolano sabe a café tico?”
Ríe Don Filemón, el taxista pirata que jura haber llevado a Laura Chinchilla al aeropuerto en un carro volador: “Yo lo llevaría gratis a Maduro al aeropuerto, pero solo si me paga con barriles de petróleo. Imagínense, llenando el tanque con crudo venezolano. ¡Mis carreras serían más baratas que un beso robado!”
Doña Mary deja un plato humeante frente a un cliente nuevo, un tipo con bigote torcido que parece salido de una novela de espías: “Cincuenta años sirviendo casados, y ahora vienen con capturas internacionales. ¿Qué sigue? ¿Que los gringos invadan la cantina porque servimos guaro sin visa?”
El bigotudo, que se presenta como Don Tito, un vendedor de lotería ambulante, interviene masticando: “Yo digo que Chaves tiene razón. Costa Rica declaró fraude desde el principio. ‘Estén alerta’, dice. Alerta de qué, ¿de que Maduro escape y venga a esconderse en Alajuelita? ¡Sería el turista más famoso desde que vino esa actriz israelí!”
Don Roderico exhala una nube de humo que forma la silueta de un avión: “Reacciones de candidatos… Pura pose. Uno respalda la captura, otro advierte riesgos. Como si fueran expertos en geopolítica. Aquí en la cantina sabemos más: Maduro cayó porque se le acabó la suerte en el bingo internacional. ¿Y los venezolanos en San José? Celebrando como si ganaran la Copa Oro.”
Don Pepito anota en su libreta raída: “¡Exacto! Marchas en la Fuente de la Hispanidad, cantos de esperanza. Mientras tanto, nosotros aquí con el petróleo en el centro del lío. ¿Afectará a Costa Rica? Claro, ahora el café subirá de precio porque todo está conectado, como los hilos de una marioneta gigante.”
Don Chalo sirve otra ronda: “Pasaportes diplomáticos para narcos, aviones con dinero… El documento gringo lo dice todo. Maduro usaba el gobierno como una lavandería de cocaína. ¿Quién asume ahora en Venezuela? ¿Un mono con corbata?”
Ríe Don Filemón: “Yo lo llevo en taxi al nuevo presidente. Pero solo si no es otro dictador. ¿O sí? Total, en política todo es un viaje sin frenos.”
Doña Mary suspira, sirviendo más casados: “Cincuenta años, y el mundo sigue loco. Coman, que el hambre no espera capturas.”
El bar bulle en risas absurdas, mientras la tele parpadea con más noticias, y la cantina se convierte en el epicentro de un universo donde la política es solo una excusa para otra cerveza.

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