Por Franco Cerutti

### Extradición de Celso Gamboa podría acelerarse tras decisión de Juzgado Penal – Cantina La Sele, Alajuelita – martes 7 de enero de 2026

En la Cantina La Sele el ventilador gira como si estuviera buscando sentido a la vida, y el olor a casado recalentado se mezcla con el humo de cigarrillos que nadie admite fumar. Don Pepito entra con el periódico doblado bajo el brazo, como quien lleva una biblia protestante.

—Miren esto, muchá, la jueza de Hacienda suspendió el proceso contra Celso Gamboa porque la Fiscalía le pidió un favorcito para que el gringo no se impaciente y lo mande a buscar antes de que se acabe el mundo.

Don Chalo, detrás del mostrador, limpia un vaso con un trapo que parece haber visto mejores días en la guerra civil.

—O sea que el hombre que antes ponía las reglas ahora va de turista a Texas, pero con esposas de lujo. ¿Y qué dice el periódico, Pepito? ¿Que va a llevar maletas o solo la conciencia?

—Conciencia dice que no lleva, porque si la llevara, se habría quedado aquí purgando. Pero lo bueno es que la jueza dijo: «Suspendido el juicio por cohecho, que el gringo lo juzgue primero y después vemos si le queda algo para Costa Rica». Es como cuando te prestan el carro: lo usás vos, lo devolvés rayado y todavía te cobran la gasolina.

Doña Mary aparece con una bandeja de gallos y una cara de quien lleva cincuenta años oyendo las mismas tonterías.

—Ay, hombres, si Celso Gamboa se va pa’ gringolandia, ¿quién va a explicar ahora por qué el país está lleno de droga y los políticos siguen limpios como santo domingo? Yo digo que lo manden con pasaporte diplomático, para que llegue con estilo y vuelva con la receta del taco al pastor.

Don Roderico, que lleva tres Imperiales y media conversación, levanta el dedo como si estuviera en la Asamblea.

—Esto es histórico. El primer costarricense que va de vacaciones pagadas por la DEA. Imagínense: llega allá, le preguntan «¿usted traficaba?», y él responde: «No, yo solo era ministro de Seguridad, lo que pasaba es que la seguridad se me escapaba por las manos como arena en playa Manuel Antonio».

Don Filemón entra corriendo, con el taxi pirata todavía encendido afuera.

—¡Yo lo llevo! Si lo extraditan, yo lo llevo al aeropuerto. Le digo: «Don Celso, suba que le pongo música de Luis Miguel para que no se sienta solo». Y de paso le cobro tarifa especial, porque llevar a un exmagistrado es como llevar a un rey destronado.

—Filemón, vos ni al aeropuerto llegás sin que te pare la policía —le grita Don Chalo—. Mejor quédate aquí, que la Cantina es el único lugar donde todavía no te piden visa.

Don Pepito dobla el periódico y suspira como si el mundo entero cupiera en esa página.

—Total, que la jueza suspendió el proceso y ahora Celso espera que lo llamen por teléfono desde Texas. «¿Aló, don Celso? Sí, su vuelo sale mañana. Traiga cepillo de dientes y no se olvide de declarar los sobornos en la aduana».

Doña Mary sirve otro casado sin que nadie lo pidiera.

—Miren, si lo mandan, que le pongan en la maleta un poco de gallo pinto. Allá no saben qué es eso, y si no lo prueba, se va a sentir como tico en el paraíso: perdido y con hambre.

Don Roderico alza la botella.

—Brindemos por la extradición acelerada. Que vaya pronto, que vuelva pronto, o que se quede allá enseñando leyes a los gringos. Total, aquí ya tenemos suficientes exfuncionarios para abrir una cantina nueva.

Y el ventilador siguió girando, porque en La Sele, las noticias importantes siempre terminan en lo mismo: una risa, un trago y la certeza de que mañana habrá otra para comentar.