Por Franco Cerutti

### Barril de petróleo supera los 100 dólares por conflicto en Medio Oriente – Cantina La Sele de Alajuelita – lunes, 16 de marzo de 2026

En la Cantina La Sele, el humo del tabaco barato se mezcla con el olor a casados recalentados, y el ventilador del techo gira como si estuviera huyendo de una deuda. Don Chalo, detrás de la barra, limpia un vaso con un trapo que parece haber visto mejores días, quizás en la guerra de 1948. Doña Mary, con su delantal eterno, sirve un plato humeante a Don Roderico, que mastica pensativo mientras mira el televisor donde un locutor grita sobre el petróleo volando por los aires como un globo en fiesta de niños.

—Mirá vos, el petróleo a cien dólares el barril. ¿Y ahora qué? ¿Vamos a empujar los carros con las nalgas? —gruñe Don Roderico, escupiendo un hueso de cerdo al piso.

Don Pepito, “El Chiquitico”, ajusta sus anteojos rotos y garabatea en su libreta amarillenta, como si estuviera escribiendo la Biblia del barrio.

—Esto es el fin, compas. Estados Unidos, Israel, Irán… Todos peleando por un charco negro. Acá en Alajuelita, el próximo casado va a costar como un yate. Doña Mary, ¿ya subiste los precios o esperás que el petróleo baje en paracaídas?

Doña Mary deja caer una cuchara con estrépito, y su risa suena como un motor viejo arrancando.

—Ay, Pepito, si el petróleo sube, yo sirvo casados con aceite de oliva bendito por el papa. Cincuenta años acá, y nunca vi un barril que no terminara en barriga. ¿Querés uno con extra de frijoles voladores?

Entra Don Filemón, el taxista pirata, con su camisa desabotonada hasta el ombligo, oliendo a gasolina y mentiras. Se acomoda en la barra y pide una birra como si fuera el presidente.

—Yo llevé a Laura Chinchilla al aeropuerto una vez, y me dijo: “Filemón, el petróleo es como un exmarido, siempre sube cuando menos lo esperás”. Ahora con esta guerra, mis taxis van a volar. ¿Volar? ¡Ja! Van a rodar con pedales, como bicicletas con techo.

Un tipo nuevo, Don Lalo el electricista, que acaba de mudarse de Santa Ana y cree saberlo todo, interviene desde la esquina, con un cigarro colgando.

—Pura paja. Esto es culpa de los marcianos. Irán lanza misiles, Israel responde, y los gringos meten la pata. El petróleo sube porque los extraterrestres lo usan para lubricar sus naves. Yo lo vi en un documental de medianoche.

Don Chalo ríe tanto que tose, y sirve rondas gratis, o al menos eso dice, aunque después las cobra doble.

—Marcianos, dice. Acá en la Sele, los únicos marcianos son los que piden crédito. Roderico, ¿vos qué decís? ¿Vamos a invadir el Medio Oriente con machetes y guaro?

Don Roderico eructa con solemnidad, como un volcán filosófico.

—Invadir, qué va. Mejor mandamos a Filemón en su taxi. Lleva a los ayatolás al aeropuerto y los convence de que bajen el precio. “Señores, el petróleo a cien es como un casado sin arroz: una estafa”.

Doña Mary asiente, sirviendo otro plato que humea como el desierto en llamas.

—Exacto. Y si no, yo les mando casados por drone. Cincuenta años sirviendo, y ni un barril me ha derrotado. Pepito, anotalo en tu crónica: “El petróleo sube, pero en La Sele, el humor no baja”.

Don Pepito cierra su libreta con un gesto, satisfecho.

—Y así termina la historia de hoy. Mañana, quién sabe, quizás el petróleo baje bailando salsa.

El ventilador sigue girando, y la cantina ríe, ajena al mundo que arde por un líquido negro que nadie ve, pero todos pagan.