Por Franco Cerutti
### Elecciones 2026: Candidatos proponen medidas contra listas de espera en la CCSS — Cantina La Sele, Alajuelita — viernes, 16 de enero de 2026
En la Cantina La Sele, donde el ventilador gira más lento que una cita con el especialista y la Luisona (esa empanada fósil que Doña Mary jura que es de 1987) sigue reinando en la vitrina como una momia dulce, el tema del día era inevitable.
—Miren, señores, ya hay casi trescientas cincuenta mil almas esperando especialista —anunció Don Pepito, El Chiquitico, cronista oficial, mientras doblaba el periódico como si fuera un secreto de estado—. Promedio: quinientos sesenta y cuatro días. ¡Más espera que yo cuando espero que Doña Mary me sirva el casado sin que me mire como si le debiera la vida!
Doña Mary soltó el trapo con fuerza sobre la barra.
—Ay, Pepito, si tanto esperas, ponte en la lista tú también. A ver si te atienden antes del Mundial del 26… o del 36.
Don Chalo, dueño y filósofo de la casa, sirvió una Imperial sin preguntar.
—Los candidatos ya soltaron sus remedios mágicos. Uno dice: más médicos, más Ebáis, más diálogo con la privada. Otro: inteligencia artificial para que el algoritmo te diga «su turno es en el año 3000, pero con descuento». Y el tercero: Ebáis móviles, que van a tu casa como si fueran Uber de la salud. ¿Y saben qué? Todos prometen pagar la deuda de la CCSS con un billón de colones que nadie sabe de dónde sale.
Don Roderico, que llevaba media hora mirando el techo como si allí estuviera escrito el futuro de la nación, levantó un dedo tembloroso.
—Fácil. Yo propongo lo siguiente: listas de espera por sorteo. Como la lotería. Te llaman por número, como en el bingo. Si sale tu número, te atienden. Si no, te toca esperar otra década. Y el premio gordo: operación gratis y un casado de Doña Mary de regalo.
Don Filemón, el taxista pirata que jura haber llevado a Laura Chinchilla al aeropuerto en plena fuga (versión que cambia cada viernes), se rio tan fuerte que casi escupe la cerveza.
—Ja! Yo tengo la solución definitiva: cuando te den la cita para dentro de dos años, el doctor te atiende por WhatsApp. Te manda foto del diagnóstico, emoji de pastilla y voz de audio: «Tranquilo, mae, sobrevive hasta el 2028». Y si te mueres antes, te descuentan el copago por no usar el turno.
Doña Mary cruzó los brazos, seria como una sentencia.
—Ay, muchachos, si yo tuviera que esperar quinientos días para que me vean la rodilla, me opero sola con el cuchillo del casado. O llamo a estos candidatos y les digo: «Vengan aquí a La Sele, que les sirvo un café y les cuento cómo se resuelve la vida en tres minutos: con ganas y sin tanto bla bla».
Don Pepito levantó la voz, imitando a un locutor de radio vieja.
—Y ahora, damas y caballeros de la Cantina La Sele, la propuesta estrella del día: contratamos a los candidatos como especialistas. Que Fabricio Alvarado sea ortopedista, que Laura Fernández sea cardióloga, y que todos los demás sean terapeutas de listas de espera. Así, mientras discuten, el paciente espera… ¡pero al menos se divierte!
Don Chalo apagó la luz un segundo, como si fuera el final de un chiste.
—O mejor: ponemos la CCSS aquí en La Sele. Citas en la barra, operaciones en el baño de hombres, y la Luisona como anestesia general. Nadie se queja, porque ya estamos acostumbrados a esperar por todo: el cambio, el bus, el amor… y ahora, la salud.
La risa retumbó hasta la calle, donde un perro callejero ladró como si también estuviera en la lista de espera. Y en la Cantina La Sele, mientras Doña Mary servía otro casado eterno, la política siguió su curso: hablando mucho, prometiendo más, y dejando que la gente espere… como siempre.

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